Hace años intenté leer Purga (Salamandra, 2011) —o eso creí—, pero no fui capaz de terminar el primer capítulo. Recuerdo incluso aquellas páginas que tenían que ver con una isla y con unos barcos. Retomé el libro hace una semanas con la esperanza de, ahora sí, no quedarme dormida entre islas y barcos. Benditas confusiones.
Me equivoqué de libro. Siempre asocié el nombre de Purga a aquel otro, al de los barcos. Quizás adquirí ambos al mismo tiempo, supongo. Así que la sorpresa fue grande pero positiva. Comencé a leer con muy pocas ganas, pero con la idea de darle una segunda oportunidad. Cuando descubrí mi error, mi bendito error, que en este libro no hay ni barcos ni islas, pero sí una historia de esas, de las que sacuden y tocan muy profundo, me di cuenta de la joya que tenía perdida entre los montones de lecturas que se me acumulan por todos los lados.
Purga es un libro inmenso en muchos sentidos, y Sofi Oksanen (Finlandia, 1977), una escritora alucinante.
Purga es un libro inmenso en muchos sentidos, y Sofi Oksanen (Finlandia, 1977), una escritora alucinante.
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© 2018 Sofi Oksanen
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SOFI OKSANEN
Es, junto a Katja Hettu —tienen que leer La comadrona (Alfaguara, 2014)—, una de las escritoras finlandesas contemporáneas más reconocidas a nivel internacional. Dio el salto con Las vacas de Stalin (451 Editores, 2008) y Baby Jane (sin edición en castellano), sus dos primeras novelas, pero ha sido Purga, obra traducida a casi cuarenta idiomas, la joya de la corona en su carrera. Norma (2015), su novela más reciente, ya arrasa en muchos países. Esperemos ver pronto la edición en nuestro idioma.
Ha sido primera mujer finlandesa en obtener el Premio Nórdico de la Academia Sueca, conocido como pequeño Nobel. La lista de galardonados es una buena referencia si buscas grandes autores de aquellas latitudes. Tomas Tranströmer, ganador del Premio Nobel en 2011, o Guðbergur Bergsson, también se lo han llevado a casa.
Muy activa en las redes sociales, comprometida hasta la médula en causas políticas y sociales, a Sofi Oksanen no le tiembla el pulso a la hora de expresar sus opiniones. De ascendencia estonia —su madre nació en aquel país—, novelas como Purga y Cuando las palomas cayeron al suelo (Salamandra, 2013), son la muestra del enorme compromiso que la autora ha adquirido con Estonia y con su historia. Para ella es muy importante la gran tarea de recuperar la identidad de un país dividido y maltratado ideológicamente durante tanto tiempo.
«Algunos autores solo quieren entretener personas, y no hay nada malo en ello, pero en lo que a mí respecta, una autora no comercial, creo que Hollywood ya se ha encargado de la industria del entretenimiento»
(Sofi Oksanen. La Vanguardia, 16/03/2018)
LA NOVELA
«En una despoblada zona rural de Estonia, en 1992, recuperada la independencia de la pequeña república báltica, Aliide Truu, una anciana que malvive sola junto al bosque, encuentra en su jardín a una joven desconocida, exhausta y desorientada. Se trata de Zara, una veinteañera rusa, víctima del tráfico de mujeres, que ha logrado escapar de sus captores y ha acudido a la casa de Aliide en busca de una ayuda que necesita desesperadamente. A medida que Aliide supera la desconfianza inicial, y se establece un frágil vínculo entre las dos mujeres, emerge un complejo drama de viejas rivalidades y deslealtades que han arruinado la vida de una familia».
Lo que comenzó como una obra de teatro, escrita por la misma Oksanen, y presentada en el Teatro Nacional de Finlandia en 2007, pronto se materializaría en esta novela ganadora del Premio de Literatura del Consejo Nórdico, del Femina (Francia) y del Premio Finlandia.
Pero vayamos a la historia…
Detrás de Purga no solo hay horas y horas de trabajo e investigación; también están aquellas historias familiares contadas en secreto; la experiencia personal de la autora ante dos formas de vida completamente distintas, y la enorme responsabilidad que ha asumido desde su trinchera, la pluma, para dar voz a aquel momento de la historia.
Detrás de Purga no solo hay horas y horas de trabajo e investigación; también están aquellas historias familiares contadas en secreto; la experiencia personal de la autora ante dos formas de vida completamente distintas, y la enorme responsabilidad que ha asumido desde su trinchera, la pluma, para dar voz a aquel momento de la historia.
Cuando Oksanen era niña y visitaba a sus abuelos maternos en Estonia, el país vivía bajo el régimen soviético y la comunicación con su familia siempre estuvo condicionada por las reglas de aquel sistema y por el miedo a la palabra "Siberia". En las entrevistas o conferencias que da por el mundo, Estonia sigue siendo un tema del que se le pregunta y del que habla con esa franqueza que la caracteriza.
«A pesar de los problemas de la Unión Soviética y las víctimas, uno de los aspectos en el que estoy más interesada es el de los efectos mentales; es un sistema de lavado de cerebro. Incluso ahora que Estonia es un país europeo, podemos hallar pequeñas huellas de esa mentalidad soviética; lleva años, muchos años, lograr que cambien estos aspectos del alma de los ciudadanos y también los valores de la sociedad»
(Sofi Oksanen. El País, 26/02/2011)
Saltando en el tiempo —desde los recuerdos de los días de la ocupación alemana, pasando por los años del régimen soviético y los inicios de la década de 1990—, conoceremos la vida de dos mujeres y las razones por las que han llegado a donde están. Víctimas de sus circunstancias, y conectadas más allá de aquel momento en que se encuentran; ambas cargan con el peso de una historia de dolor, separación, conflicto y enfrentamiento; resultado de años de maltrato, miedo y violencia.
Son cuatro los puntos en los que ahonda esta novela: la mujer, la gran perdedora de todos los conflictos políticos e ideologías radicales; la aniquilación de la identidad de un pueblo; la lucha por la supervivencia y el enorme peso de la reconstrucción. A través de una historia que parece ahondar en lo más íntimo y personal de la vida de dos mujeres, logramos conectar con aspectos enormes de una realidad histórica.
Entender el dolor, mirar con nuestros propios ojos la magnitud de las heridas, es posible gracias a la cercanía que mantendremos con Aliide, Zara o Hans.
Entender el dolor, mirar con nuestros propios ojos la magnitud de las heridas, es posible gracias a la cercanía que mantendremos con Aliide, Zara o Hans.
Oksanen no limita su escritura a una descripción directa y gráfica de los hechos, a pesar de la crudeza de algunos momentos. Ella se toma su tiempo, se centra en los detalles, nos conduce lentamente por recuerdos, acciones y emociones que hacen más vívida la historia. Personajes como Aliide, nos arrancan de esa cómoda superioridad moral que, creemos, nos dan el tiempo y la distancia.
«No debía alardear demasiado de sus dotes, el orgullo era el fin de todos los remedios y la humildad el comienzo de cada uno; el silencio, su fuerza»
Pero el poder y la grandeza de Purga no se quedan solo en el papel. La novela fue adaptada al cine por el director Antti Jokinnen. Éxito arrollador. Fue la película más vista en Finlandia durante varias semanas y también la elegida para competir en la carrera de los Oscar en la categoría de Mejor película de habla no inglesa. Si quieres ver el trailer, haz click aquí.
Bajemos un momento a los infiernos de la tiranía y contemplemos con nuestros propios ojos la larga sombra que proyecta sobre las vidas de quienes la padecen. Dejemos que esta autora entre en nuestro sistema y nos agite, que remueva un poco dentro de nosotros. Leer no es solo el acto de pasar la vista por conjuntos de letras; leer es descubrir el mundo, y el mundo también se ha hecho con dolor y violencia. La memoria es un acto de justicia.


