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KITCHEN, DE BANANA YOSHIMOTO




Hace mucho tiempo que deseaba leer a Banana Yoshimoto (Japón, 1964), pero, a veces, algunos autores se nos van perdiendo en esa lista kilométrica que nunca termina.  Gracias, Fabiola Nieto, por la sugerencia. 

Me decidí por Kitchen (Tusquets, 2013), su primera novela, la que le dio fama mundial, reconocimientos importantísimos, y que encanta a casi todo el mundo. 




BANANA YOSHIMOTO

Es una de las escritoras japonesas más reconocidas en el mundo. Aún era universitaria cuando esta novela la llevó a la fama, y desde entonces no ha parado de ganar reconocimientos y una legión enorme de fans. Cuenta la Wikipedia, que ya lleva sesenta ediciones, ¡solo en Japón!  En 1988 se llevó a casa el Premio Izumi Kyōka, uno de los reconocimientos literarios más importantes de su país (premio que comparte con autores de la talla de Natsuo Kirino y Natsuhiko Kyogoku). Ganó el Premio Scanno de Literatura en 1993, cuya lista de galardonados incluye a Michael Ende, Mario Vargas Llosa, Kazuo Ishiguro, José Saramago, y un montón de escritores alucinantes. 

Tusquets ha editado al castellano casi todas sus obras de ficción. Las novelas N.P., Amrita, Tsugumi; los libros de relatos Sueño profundoRecuerdos de un callejón sin salida,  Lagartija, entre otros. Pero también ha escrito y publicado ensayos. En nuestro idioma encontrarás, Un viaje llamado vida, de la editorial Satori (especializados en cultura japonesa, y con un catálogo espectacular).

Su nombre real es Mahoko Yoshimoto, lo de banana viene de su gusto por la flor de la planta del banano.



LA NOVELA

Cuando la jovencísima Mikage se queda sola a la muerte de su abuela, se refugia en la cocina de su vasta casa. Un día, sin embargo, un amable muchacho llama a su puerta y le propone que vaya a vivir con él y con su madre, Eriko. Sin embargo, esta hermosa y acogedora mujer no es quien parece ser. Una fábula en la que la soledad y la aridez emocional quedan mitigadas por la inmensa sabiduría de otro mundo ancestral.

Una de las cosas que más atrae a los lectores de las historias de ficción contemporánea  japonesa, es la forma en  que los personajes se enfrentan a sus emociones. En  estas historias no hay grandes declaraciones de amor ni se abre la boca para soltar frases rompedoras. Es lo que callan, lo que reprimen y sugieren, lo que lleva al lector al suspiro profundo. Creo que por eso son efectivas, porque generan una tensión sutil pero permanente. Esperamos el beso, el abrazo, la declaración que parece que no llega, y mientras lo hacemos, disfrutamos del ambiente nostálgico y melancólico que las rodea.

La historia de Mikage, Yuichi Tanabe y Eriko, es una historia sobre la pérdida, la soledad, y sobre cómo nuestro  sitio, nuestro verdadero hogar, puede encontrarse en el lugar menos pensado. También reflexiona sobre la madurez y lo duro que resulta crecer antes de tiempo. 

La nostalgia es una constante, pero lejos de ser destructiva, resulta esperanzadora. Yoshimoto siempre ha tenido claro su propósito —desde que escribió esta novela y hasta el día de hoy—: 

« …que los lectores reconozcan las heridas invisibles de las que a menudo no somos conscientes y que las curen para llevar una vida auténtica».
 (El Periódico, 31/10/2016).

Otra de las cosas que hace a Kitchen especial, es la relación casi espiritual que tienen los personajes con la comida. No es un hecho aislado: muchos libros, películas y animaciones de origen japonés, tienden a expresar aspectos relacionados con la tradición gastronómica de su cultura. Un ejemplo reciente es la serie de Netflix, Midnight Diner: Tokyo Stories (Joji Matsuoka, Nobuhiro Yamashita, 2016), que profundiza en las vidas de los comensales mientras degustan de los platos preparados por un camarero- consejero espiritual. En Kitchen, la relación va más allá de la comida. La cocina es un  templo de paz, el lugar donde Mikage reconecta con la mejor versión de sí misma. 

«Yo cocía el ramen mientras oía el ruido estrepitoso de la licuadora haciendo los dos zumos, en la cocina, de madrugada.

Podría pensarse que era algo extraordinario, pero también podría pensarse que era algo sin importancia. Y que era un milagro y, también, que era algo natural».

Imposible leer a Yoshimoto sin acordarse de autores como Haruki Murakami o Hiromi Kawakami. Los tres se caracterizan por escribir sobre las sensaciones profundas que habitan en lo cotidiano; sobre las relaciones intensas, pero contenidas, de personajes que viven en constante introspección. Sus ambientes y escenarios se aprecian a través de un filtro, y desde una distancia, que los convierte en sitios casi mágicos. 

Escrita en un lenguaje sencillo y directo. Puede pensarse que es una historia dirigida a un público joven, pero tiene los elementos necesarios para que los lectores adultos conectemos con ella. La muerte, la soledad y la nostalgia, son temas que nos llegan a todos. Y algo muy importante: la novela evita —y logra— caer en la moraleja simplona.   

No será la única obra de Banana Yoshimoto que reseñaré, estoy segura. Me intriga saber hasta dónde la han llevado los años, y de qué manera ha evolucionado su prosa. Tengo una enorme curiosidad de comprobar qué tanto de la frescura de esta novela, sigue presente en su trabajo.

Antes de irme, una advertencia: no leer Kitchen con el estómago vacío. Podría resultar triste, demasiado triste.


Fotografía de la autora: https://www.planetadelibros.com/autor/banana-yoshimoto/000029090

MARGARET ATWOOD Y ALIAS GRACE


La escritora Margaret Atwood (Canadá, 1939), ya resulta familiar a los lectores de medio mundo. El cuento de la criada (The Handmaid's Tale), su obra más importante hasta la fecha, ostenta el título de ser una de las más premiadas, valoradas, y cómo no, fotografiadas y subidas a Instagram. 

La serie The Handmaid’s Tale, producida por la cadena Hulu, y adaptación del libro, arrasó en la pasada entrega de los premios Emmy. Pero Atwood no es una autora novata con un golpe de suerte, no. Estamos hablando de una de las escritoras más consagradas de la literatura mundial. Está de moda, es verdad, y no se puede negar lo evidente; pero en el mundo de las letras, siempre ha estado presente, y lleva años demostrando que su narrativa es auténtica, de calidad y capaz de llegarnos a todos. 

Su obra abarca poesía, critica literaria y desde luego, narrativa. Aunque sonó para el Nobel este año, desgraciadamente no fue elegida. No tengo nada en contra  de Kazuo Ishiguro, de verdad, pero me habría encantado ver el premio en manos de Atwood. El Nobel aún se le resiste, y espero que sea por poco tiempo. Los que sí se ha llevado a casa: el Arthur C. Clarke (1987), el Booker (2000), el Príncipe de Asturias de las Letras (2008) y este año le otorgaron el Franz Kafka

Comprometida hasta los huesos con el arte, con la lucha por los derechos de la mujer, la libertad de expresión y los grandes problemas medioambientales, Atwood no ha tenido miedo jamás de levantar la voz y decir lo que piensa. Sus obras se impregnan de ese espíritu luchador y crítico con la realidad. 

Canadá es otro de los temas recurrentes en su obra. A la autora le interesa e inspira la historia de su país, el legado cultural de los canadienses y su proyección en el mundo.


"La escritura de obras de ficción es un arte del tiempo: a través de ella los acontecimientos se suceden, se ponen en marcha cambios; en otras palabras, la ficción cuenta historias. Y, a través de esas historias, nos conocemos a nosotros mismos y a los demás. Un país sin historias sería un país sin espejo: no proyectaría ningún reflejo, y ello llevaría, en el mejor de los casos, a una existencia fantasmal, sombría. «¿Quién soy?», se preguntarían los ciudadanos. Y no habría respuesta. Un país así tampoco tendría corazón, pues la escritura es un arte de las emociones. En una era de especialización, sólo el arte puede mostrarnos la totalidad del ser humano en sus muchas variantes.

Todo, en nuestras sociedades, se ve influido no sólo por la tierra que nos sustenta, sino por el mundo imaginativo que construimos, y en el que habitamos. Incluso nuestras instituciones aparentemente más sólidas se sostienen en las ideas que tenemos de ellas, en nuestra fe en su existencia. Los bancos se desmoronan cuando perdemos la confianza en ellos, tal como se ha visto recientemente. Y lo mismo sucede con las naciones. La función del arte, en cierto modo, consiste en imaginar lo real y, al hacerlo, dotarlo de ser".

Estos párrafos forman parte del discurso de agradecimiento que dio en la ceremonia de entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en el 2008. Son mentes brillantes, como las de Atwood, las que  dan forma a las respuestas que se nos quedan atrapadas en los labios cuando alguien nos pregunta ¿por qué te gusta tanto la literatura? 





Las obras de Margaret Atwood te tocan. Dudo que algún día pierdan su universalidad, y creo que siempre será importante, y un placer, volver a ellas. El cuento de la criada, es uno de mis libros favoritos, y el que me llevó a seguir explorando su obra. Así fue como caí en el mundo de Alias Grace.

"En 1843, y a la edad de 16 años, Grace Marks se hizo famosa en Canadá al verse involucrada en el asesinato de Thomas Kinnear, a cuyo servicio trabajaba como criada, y del ama de llaves y amante de este, Nancy Montgomery. James McDermott, el mozo de cuadra de Kinnear y autor del crimen, fue condenado a muerte; pero a la joven se le conmuto la pena capital por la de cadena perpetua. Grace, siguiendo el consejo de su abogado, interpretó el papel de adolescente desorientada y, puesto que alegó haberse desmayado en diversas ocasiones mientras se perpetraban los crímenes, no pudo dar una versión clara del desarrollo de los acontecimientos y de su participación en ellos. Dieciséis años mas tarde, el joven médico estadounidense Simon Jordan intenta rescatar de la adormecida memoria de la reclusa las escenas reales que acompañaron al violento suceso, basándose para ello en las nuevas técnicas aprendidas en sus viajes por Europa".


Alias Grace se construye a través de la voz de Grace Marks, de los pasos de Simón Jordan —al que seguiremos de la mano de un narrador omnisciente—, y diversas cartas, artículos periodísticos, fragmentos de poemas y frases, que sirven como introducción a cada capítulo. Son las voces que componen el relato.

“Como es natural, he novelado los acontecimientos históricos… No he modificado ningún hecho conocido, si bien los relatos escritos son tan contradictorios que los hechos inequívocamente «ciertos» son muy escasos…” (Margaret Atwood, Alias Grace)

Grace Marks existió. Los asesinatos sacudieron a la opinión pública durante casi toda la segunda mitad del siglo XIX, generando opiniones diversas sobre los motivos para cometer el crimen, el juicio y la condena. Atwood ve en este hecho una oportunidad, y crea una novela que nos hace cuestionar absolutamente cada detalle. 


El siglo XIX fue una época determinante en la historia canadiense,  aunque creo que a nivel mundial, la lucha entre tradición y progreso, se convirtió en una constante sin límites definidos. Poco tiempo había pasado desde la Rebelión del Bajo Canadá, sobre la que leeremos pequeños detalles durante toda la novela. Su recuerdo se mantiene bajo distintas perspectivas, aunque es Mary Whitney la que alza más la voz al respecto. 

Grace es una inmigrante irlandesa, lo cual tiene un peso ideológico a la hora de ser juzgada. No solo es pobre e inmigrante en una tierra dividida entre el nacionalismo canadiense y los tories, también es una mujer. 

Las mujeres, uno de los temas centrales en la obra de Atwood. Cómo se enfrenta y sobrevive una mujer pobre al siglo XIX. A pesar de los cambios, de los avances médicos, del valor que se le da a los expertos en campos como la medicina o la justicia; el peso de la tradición se deja sentir  con fuerza. Los prejuicios y la religión: dos factores a tener en cuenta en esas sociedades a medio camino entre la vida rural y la industrialización.  

Atwood saca toda la artillería pesada, y aunque sé que la metáfora de las matrioskas en literatura está ya un poco trillada, viene como anillo al dedo para describir la forma en la que la autora estructura la novela. Grace Marks nos cuenta la historia de su vida, y en los detalles del relato vislumbramos aspectos de su personalidad. Sin embargo, esta cadena de descubrimientos dan pie a nuevos misterios. Creemos llegar al fondo y resulta que solo hemos logrado desvelar una capa dentro de la profundidad del personaje. La gracia, y lo brillante en esta novela es que, aunque lo parezca, nada se queda en el terreno de lo ambiguo. Todas las voces que intervienen en la historia nos ayudan a construir a una Grace Marks cada vez más interesante.

Grace es un personaje brutal. No solo porque es inteligente a rabiar y compleja hasta decir basta, lo es, sobre todo, porque es capaz de llevarnos por donde quiere. A veces me hacía sentir como un juguete de trapo en el hocico de un perro juguetón. El abogado defensor de Grace la define  como 'una Sherezade'. No estoy de acuerdo en el contexto general de todo aquello que rodea a la definición, pero lo de Sherezade le va que ni pintado. 

Por el camino de la narración, experimentaremos las vergüenzas de la tradición y los prejuicios. Para toda la sociedad, Grace es un objeto, una pieza de exhibición dentro de un contexto en la que la mujer sigue considerándose como una pieza decorativa más, la eterna desconocida. ‘Hija de Eva’, causante de todos los males de esta tierra.

La duda constante es el combustible de la novela, pero durante la travesía vas a experimentar todo tipo de emociones. No es una historia de buenos y malos; son personajes vivos, como si tuvieran carne.  Siempre a medio camino entre el conocimiento y la ignorancia, entre el vicio y la virtud. Grace vive en los grises, por eso no encaja en el blanco y negro de la mentalidad del resto.

Antes de leer Alias Grace, no sabía qué demonios era un quilt. El quilt es una colcha artesanal que se confecciona a partir de retales, lo que también se conoce como patchwork. La imagen de Grace y Jordan en el cuarto de costura, no solo es una imagen bonita, también es simbólica. Porque la novela está llena de símbolos. Es una delicia descubrirlos a través de los diseños de las colchas, de las letras, de los ambientes y las cosas. Alias Grace es como un quilt. Los capítulos son retales, trozos de tela, de pensamientos, de momentos que uniremos lentamente, hasta formar su figura.

Atwood no deja nada al azar, ningún aspecto escapa a su control. Todo tiene un cómo y un porqué. En ello radica su genialidad.

Si tuviera que elegir una frase que describiera la esencia de Alias Grace, me quedaría con la siguiente:

“Pero por debajo, siento otra cosa, una sensación de estar completamente despierta y vigilante. Es como despertarte de repente en mitad de la noche sintiendo una mano sobre la cara e incorporarte con el corazón desbocado y ver que no hay nadie. Y por debajo de eso se percibe otra sensación, la sensación de que te desgarran para abrirte; pero no como un cuerpo  de carne, no duele tanto como eso, sino como un melocotón; y ni siquiera un melocotón desgarrado, sino como un melocotón demasiado maduro que se hubiera abierto espontáneamente. Y dentro de ese melocotón hay una piedra”.

Los convencionalismos morales, la represión y la búsqueda de vías de escape; los albores de las ciencias de la mente, intentando desentrañar siglos de superstición y prejuicio; la histeria, ese mal considerado como ‘femenino’; el sonambulismo; la pérdida aparente de la memoria: todo encaja a la perfección con el momento histórico en el que se desarrolla la novela. 

El gran acierto de la narrativa de Atwood es que, aunque sus historias nos dejen con más preguntas que respuestas, fluyen ante nuestros ojos con buen ritmo. En ello reside el talento de esta escritora, en no cerrar la puerta a ninguna posibilidad creativa. 

Alias Grace siempre estará allí, esperando que te atrevas y te tires al pozo emocional de cada uno de sus personajes. Tal vez descubras que, en algunos aspectos, aquellos seres del Canadá del siglo XIX, y nosotros, no somos tan distintos. 




ALIAS GRACE: LA SERIE

La directora Sarah Polley (Canadá, 1979), fue la encargada de dar vida a la miniserie canadiense, eso sí, bajo la supervisión de la mismísima Atwood. Se estreno en Netflix este viernes, generando mucha curiosidad entre los seguidores de la obra de Atwood. Todo un reto tirarse a la piscina con una nueva adaptación, sobre todo después del exitazo —y supongo que del presupuesto— de su hermana The Handmaid's Tale. Pero ni Polley ni la producción, el elenco, o la propia escritora, se achantaron.

La serie cumple. Una adaptación impecable, que cuida e intenta en todo momento respetar y honrar el espíritu del libro. Sarah Gordon (Grace Marks) hace un trabajo impresionante, y el elenco al completo responde con todo. Cabe destacar la participación de David Cronenberg (Canadá, 1943) y Anna Paquin (Canadá, 1982).  

No decepciona ni baja la guardia. Los momentos importantes, la carga emocional de los acontecimientos, todo está allí. Seis capítulos: más que suficientes para contarnos la historia. Como regalo, Atwood hace un ‘Stan Lee’, y lo hace la mar de bien.

En las adaptaciones alguien perderá, es así. Le tocó al doctor Simon Jordan. En la serie, su importancia pasa a un segundo plano, pero es comprensible, y lo hacen de la manera más respetuosa posible. Hacia la recta final, retoman un poco el tema de la correspondencia. Gran acierto, pues forma parte de la estructura de la novela.

Recomiendo ver la serie, casi tanto, como recomiendo leer Alias Grace


Debo confesar que ha sido una de las entradas más difíciles de escribir. Intentar recuperar los trocitos de emociones, de información, de sensaciones de un libro..., sobre todo cuando se trata de una escritora tan importante, de la que últimamente se habla tanto, y de la que hay tanto que decir. 

Estoy segura de haberme dejado un montón de cosas en el aire; espacios en blanco en los que hay lugar para seguir hablando de esta gran creadora de historias. Tengo el consuelo de que ese espacio se llenará con las palabras de los nuevos lectores de Margaret Atwood, y serán ellos los que aprecien y pongan voz a todas aquellas cosas, millones de cosas, que yo he pasado por alto. 

CUENTOS PARA NO DORMIR



No sé que fiesta celebres tú en estas fechas: ¿Halloween? ¿Día de Muertos? ¿Día de Todos los Santos? ¿Samhain?  No importa, siempre apetece leer una buena historia de terror que nos ponga a tono en estos días.

En esta ocasión, y como seguro que, entre disfraces, fiestas y rock n’ roll, tendrás poco tiempo para estar en casa y sumergirte en un ladrillo de páginas, te traigo una lista de cuentos muy efectiva. Historias hechas para pasar miedo, para desconcertar y cuestionar la realidad. Historias para no dormir…

¡Felices fiestas! Y buenas lecturas.



EL ENTIERRO DE LAS RATAS. Bram Stoker

Es el gran Bram Stoker (Irlanda, 1847- 1912), así que ya tienes el cincuenta por ciento del camino recorrido a la hora de elegir. El entierro de las ratas, no es una historia de terror al uso, no hay fantasmas ni vampiros (aunque se trate del padre de Drácula), pero eso sí, da mucho repelús. 

En el año de 1850, un joven inglés, haciendo turismo por París, decide visitar y explorar un vertedero al que llama Ciudad de la Basura. Pasearse por los bajos fondos, nunca saldrá bien, eso lo sabemos todos. Pero la curiosidad siempre atrae peligro, y ¿qué sería de los lectores sin personajes curiosos y arriesgados? El joven protagonista pasa unos momentos terribles. Stoker no se lo pone nada fácil: nuestro chico tendrá que sobrevivir en aquel horror de basura, oscuridad, podredumbre y ratas. 

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BERENICE. Edgar Allan Poe

Una noche de cuentos para no dormir, sin Edgar Allan Poe (Estados Unidos, 1809- 1849), es como que tu mejor amiga (o amigo) te baje el novio: ¡no tiene ni puñetera gracia! Así que Berenice es una excelente opción para pasarlo mal. 

Egaus vive en una mansión antigua, con torres, biblioteca, cuadros viejos, y todo aquello que hace que el ambiente sea propicio para la tragedia. Pero hay algo más, Egaus está enfermo de un mal que hace que se vuelva el más friki de los frikis si centra su atención en algo en concreto. En la mansión también vive Berenice, prima y prometida de nuestro protagonista. También está enferma, padece ataques de epilepsia que van mermando su salud y belleza. Dos personajes así, metidos en una casa como aquella… nada puede salir bien.

Esta historia trasciende a su tiempo y a la atmósfera gótica que la rodea, porque el miedo a la locura, a perder la cabeza, es uno de los miedos más arraigados y profundos. No queremos ni imaginar lo que seríamos capaces de hacer si no tuviéramos el control sobre nosotros mismos. Mientras la mente humana siga siendo esa gran incógnita, Berenice no dejará de impactarnos.

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ACEITE DE PERRO. Ambrose Bierce

Ambrose Bierce (Estados Unidos, 1842- 1914) es un maestro del cuento. En pocas, muy pocas palabras, es capaz de meterte de lleno en un mundo increíblemente construido. Y sus mundos no son sencillos, no. En las breves líneas de Aceite de perro, hay demasiado para dejarte pasmado. La historia no le pide nada a esas  novelas monumentales que llenan los escaparates de las librerías durante la temporada alta. 

Este cuento es retorcido, desconcertante. Un pueblo rural de lo que denominan ‘la América profunda’, puede llegar a ser tan espeluznante como un castillo infestado de vampiros en  la Europa del Este. Si no me creen, acuérdense de La Masacre de Texas (Dir. Tobe Hooper, 1974). 

Bierce saca el arsenal de buen hacedor de cuentos y nos regala una historia muy loca, redonda y más  compleja de lo que pueda llegar a parecer. 

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LA NARIZ, Nicolái Gógol

Imagina que despiertas una mañana y tu nariz ha desaparecido. En su lugar sólo tienes una superficie de piel lisa que debes cubrir mientras intentas resolver el misterio… 

La nariz, de Nicolái Gógol (Ucrania, 1809- 1852), no es un cuento de terror como tal, pero quise que tuviera un lugar en esta lista porque posee un componente sobrenatural que desconcierta bastante. 

Cada época tiene sus monstruos, su terrores, pero hay miedos eternos, miedos que van más allá de nuestras creencias o formas de entender la vida. No creo que nadie quiera verse en la situación de La nariz.

A pesar de ser una historia con toques de humor —se han hecho versiones ilustradas y dirigidas al público infantil—, no puedo evitar que esta historia me provoque escalofríos. Me sucede también con La metamorfosis (Franz Kafka). Despertar y descubrir que nada es como lo dejaste la noche anterior… Soy incapaz de desprenderme de esa sensación de angustia. Por eso me gustan estas historias, porque nos enfrentan a situaciones que nos sacan de la zona de confort, porque nos descolocan. Dan directamente en la diana de los miedos más arraigados, más profundos, esos que arrastramos desde niños.

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Nuestros miedos han cambiado, eso es evidente. Hoy en día, nos asustan más los fenómenos climatológicos que las momias. Nos asustan mucho las posibilidades que alberga el espacio exterior, las enfermedades víricas, los rincones oscuros de la mente. La tecnología se ha convertido en el centro de muchos de los miedos que desarrollaremos en el futuro. Vemos un capítulo de Black Mirror (Netflix) y nos sudan las manos, nos va más rápido el corazón. 

Enfermedades que fabrican zombies; vampiros que hace tiempo dejaron de esconderse en el castillo. Los robots son los nuevos monstruos de Frankenstein… ¡Cómo hemos cambiado! Pero seguimos teniendo miedo. Nuestros cuerpos experimentan los mismos procesos y reacciones ante los sustos, que los de nuestros antepasados. 

Nos aterra y atrae a partes iguales todo lo relacionado con el miedo. Por eso, y mientras exista algo que te haga pasar un mal rato, tendremos buenas historias para no dormir.

Así que, no olvides mirar debajo tu cama esta noche… solo por si acaso. 


Dulces sueños.

DE FIESTA CON LOS ROMANOV





A los amantes de la literatura, a esos, a los de hueso colorado, nos ha tocado alguna vez hacer parada en Rusia. Puedo jurar que algún autor ruso ha llamado a tu puerta. Es más, puede que, entre todos y todos los autores que has leído, un ruso ocupe un sitio privilegiado en tu top personal (llámese Dostoyevski, Tolstoi, Chejov, Gorki…). No hay letraterrestre que no haya paseado por Moscú, San Petersburgo o Novgorod, porque Rusia siempre ha tenido mucho que contar. 

Y no solo los autores rusos (clásicos y contemporáneos) han escrito sobre sus  vidas, historia y cultura; escritores de medio mundo también caen rendidos bajo el influjo de este vastísimo territorio. Nadie puede resistirse a una tierra llena de personajes y acontecimientos que han cambiado el mundo. 

Pensar en la historia de Rusia, sin que se nos venga a la cabeza personajes como Pedro El Grande, Catalina La Grande, Nicolás II —el último zar—, y personas a su alrededor, igual de interesantes, como Potemkin o Rasputín; es como comprar un cono de helado en verano y que se te caiga cuando estás a punto de zampártelo. No se puede entender que pasen estas cosas, ¿verdad? 

Estos son los Romanov, la dinastía gobernante de Rusia durante poquito más de trescientos años. Desde que aquel jovencísimo Miguel I fuera casi obligado a ocupar el trono, los Romanov ya no lo soltarían. Cada uno tomó las riendas de su nación con mayor o menor acierto, pero sin dejar indiferente a nadie, y menos a la historia, y mucho menos a la literatura, que no ha dejado de beber de las fuentes de las vidas de todos y cada uno de los zares que ostentaron el apellido.


Mi fiesta con los Romanov

Letraterrestres se va a apuntar a muchas fiestas de monarcas y sus cortes, porque la literatura está llena de ellas, y muchas son muy buenas y vale la pena dedicarles un espacio. Quería que los Romanov inauguraran estas celebraciones porque, hay tanto, tanto que contar…

Curiosamente, ninguno de los libros que mencionaré en esta entrada, han sido escritos por autores rusos; son autores extranjeros los que ocupan un lugar aquí y es por la sencilla razón de convencerte, estimado lector, de hasta dónde llega la fascinación por esta dinastía.




Para tirarte de cabeza, y sin arnés, en la historia de Rusia. A través de dos troncos familiares que se van llenando de ramas durante toda la historia, esta novela te mete hasta el fondo en los grandes acontecimientos de la historia de Rusia. Su andar comienza en el 180 d. de C, y concluye en el siglo XX, en 1990, para ser exactos. 

E. Rutherfurd, es un autor inglés que no le tiene miedo a escribir obras monumentales sobre países y ciudades. Sarum: la novela de Inglaterra; Los príncipes de Irlanda: La Saga de Dublín; Los rebeldes de Irlanda: La Saga de Dublín; Nueva York; París y Rusia, son la muestra de que lo suyo es una buena y efectiva mezcla de realidad y ficción, en un marco donde la ciudad o el país son el personaje principal. En Rusia, el autor nos cuenta que decidió escribir esta novela para acercarnos a la historia y geografía de lo que él denomina “el país dormido”. Guerras, poder, intriga, rebelión… Rusia, de Rutherfurd, tiene todo lo necesario para armar una buena fiesta en la imaginación de los lectores. Debo confesar que, gracias a este libro, y a los capítulos dedicados a los periodos de la dinastía Romanov, me entró el gusanillo de conocer más sobre todos ellos, pero, en especial, de la más grande, la que más me impactó, fascinó, e interesó por encima de todos: Catalina.




Es curiosísimo cómo fue que este escritor de Kentucky se interesó por los Romanov. Su hijo padece la enfermedad llamada hemofilia, la misma que padecía el hijo del ultimo zar de Rusia, el príncipe Alexei. De allí nació su interés por la casa Romanov. Y le pasó lo mismo que nos pasa a los que nos unimos a la fiesta: llegamos por accidente, pero una vez que entramos en sus cortes y palacios, ya no tenemos ganas de salir. Así que Massie se aventó a la fiesta y escribió varias biografías: Nicolás y Alexandra, Pedro El Grande (ganadora del Pulitzer), Catalina La Grande y Los Romanov: capítulo final. Maestro de ceremonias perfecto para llevarte de la mano por siglos de historia rusa.

Pero vamos a lo que nos ocupa, y no es por menospreciar a Pedro El Grande, visionario, duro y con unas ganas enormes de poner a Rusia en lo más alto. La ciudad de San Petersburgo es uno de sus legados más importantes y una muestra viviente de las ganas que tenía el zar de establecer puentes entre Rusia y occidente. 

Avancemos un poquito en el tiempo, hasta el momento en que una joven princesa alemana, llamada Sofía, llega a Rusia y se promete al futuro Pedro III, nieto de Pedro El Grande.  Tras su boda con Pedro —Romanov de pura cepa—; la muerte de Isabel I de Rusia; y una increíble y vertiginosa serie de acontecimientos en los que la joven Sofía, bautizada en la iglesia ortodoxa bajo el nombre de Catalina, demuestra que está mucho más capacitada, y entiende mejor a su pueblo de acogida que su marido; logra hacerse con el trono de Rusia como monarca absoluta, reinando durante 34 años. Culta— amante de las letras y las artes—, inteligente, perseverante, apasionada… Catalina llegaría a ser la mujer más poderosa de su tiempo. 

La obra de Massie nos traslada a los momentos cruciales de la vida de la monarca: sus primeros años en la corte, el casamiento, el golpe de estado que la llevaría al poder, sus desiciones, aciertos y derrotas. La vida privada de Catalina: sus amores, pasiones y amistades... La biografía de Massie no deja huecos, y lo hace con un estilo que atrapa desde el primer momento. Con él, tienes mega fiesta Romanov asegurada... hasta que no puedas más.


Si decidiste leer las biografías de Massie al completo, pero quieres más y te apetece una novela que narre el fin de la dinastía de los zares Romanov, bueno, el fin de los zares, en general; Carmen Posadas nos ofrece una historia que cumple los requisitos: El testigo invisible

La historia rusa nunca ha sido una historia fácil, pero aquellos años en los que Nicolas II llegó al poder, la cosa ardía. 

El pueblo, cansado y furioso de siglos de servidumbre y pobreza, decidió pasar a la acción. No es que ese tipo de conflictos no fueran comunes en Rusia. Pedro, Catalina y los demás, ya se enfrentaban a ellos —pregúntale a Catalina por sus dolores de cabeza cuando escuchaba el nombre de Yemelián Pugachov—, pero la fuerza de esos grupos era débil y el poder de la nobleza, tremendo. Ningún monarca querría irritar a los que lo han sentado en el trono, claro está. 

Pero los tiempos cambian y la monarquía rusa parece hacer oídos sordos al cambio y a los aires de revolución que se respiran por todo el mundo. Nicolás era medio desastrillo, la verdad. A veces daba la sensación de vivir en su burbuja. Por ello y, tras una serie de errores que costaron crispación  y muchas vidas — el Domingo Sangriento, por ejemplo—, las cosas se complicaron enormemente para él y su familia. 

El testigo invisible, es la historia de Leonid Sednev, personaje que trabaja como  deshollinador imperial (el cargo suena rimbombante, pero el trabajo es una…). El joven vive de cerca y es compañero, aparentemente desde las sombras,  de los últimos días de los Romanov. Cabe destacar que Sednev existió, aunque, por lo que se sabe, su vida fue algo distinta de la ficción.

La novela de Posadas es adictiva, engancha y emociona. Desde su particular mirada, y haciendo memoria en el tiempo, un Leonid mayor recuerda lo vivido aquellos días. 

Posadas no es la primera escritora que se inspira en el joven. Robert D. Zimmerman (aunque firma su saga Romanov como Robert Alexander), publicó una novela en 2004, titulada The kitchen boy. Exitazo de ventas. 

Por desgracia, la novela no está traducida al castellano, pero si lees con fluidez la lengua de Shakespeare, podrás disfrutarla de cabo a rabo. 

En The kitchen boy, el joven cocinero Sednev, también es testigo del ocaso de los zares. 


EMPIRE OF TZARS: ROMANOV RUSSIA WHITH LUCY WORSLEY, BBC



Si aún tienes dudas para unirte a la fiesta, te dejo una recomendación a modo de introducción. En Netflix encontrarás esta serie de tres capítulos dedicada a la dinastía. Es una gozada de principio a fin. De la mano de Lucy Worsley, hacemos un viaje a Rusia, visitando los sitios donde vivían y gobernaban los zares. Conocerás aspectos importantes de su legado y tendrás ganas de salir corriendo a la librería, o biblioteca de tu preferencia, y seguir de marcha por este universo de monarcas, reinados, conflictos y traiciones.

Bibliografía sobre la dinastía Romanov, hay para una vida. Te aseguro que encontrarás libros que despertarán tu interés y te harán sentir que viajas en trineo por las noches blancas, que libras batallas al lado de un ejercito de cosacos, que conspiras y gobiernas con mano de hierro. La fiesta Romanov no tiene fin.

Te invito a compartir con nosotros algún libro, película o serie basada en el mundo de los Romanov. Tus recomendaciones y sugerencias, siempre son bienvenidas en Letraterrestres.


La fiesta sigue, querido lector: ¿te apuntas?

*Ilustración: <ahref="http://www.freepik.es/vectorgratis/kremlincatedral_819317.htm">Diseñado por Freepik</a>

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