CUENTOS PARA NO DORMIR



No sé que fiesta celebres tú en estas fechas: ¿Halloween? ¿Día de Muertos? ¿Día de Todos los Santos? ¿Samhain?  No importa, siempre apetece leer una buena historia de terror que nos ponga a tono en estos días.

En esta ocasión, y como seguro que, entre disfraces, fiestas y rock n’ roll, tendrás poco tiempo para estar en casa y sumergirte en un ladrillo de páginas, te traigo una lista de cuentos muy efectiva. Historias hechas para pasar miedo, para desconcertar y cuestionar la realidad. Historias para no dormir…

¡Felices fiestas! Y buenas lecturas.



EL ENTIERRO DE LAS RATAS. Bram Stoker

Es el gran Bram Stoker (Irlanda, 1847- 1912), así que ya tienes el cincuenta por ciento del camino recorrido a la hora de elegir. El entierro de las ratas, no es una historia de terror al uso, no hay fantasmas ni vampiros (aunque se trate del padre de Drácula), pero eso sí, da mucho repelús. 

En el año de 1850, un joven inglés, haciendo turismo por París, decide visitar y explorar un vertedero al que llama Ciudad de la Basura. Pasearse por los bajos fondos, nunca saldrá bien, eso lo sabemos todos. Pero la curiosidad siempre atrae peligro, y ¿qué sería de los lectores sin personajes curiosos y arriesgados? El joven protagonista pasa unos momentos terribles. Stoker no se lo pone nada fácil: nuestro chico tendrá que sobrevivir en aquel horror de basura, oscuridad, podredumbre y ratas. 

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BERENICE. Edgar Allan Poe

Una noche de cuentos para no dormir, sin Edgar Allan Poe (Estados Unidos, 1809- 1849), es como que tu mejor amiga (o amigo) te baje el novio: ¡no tiene ni puñetera gracia! Así que Berenice es una excelente opción para pasarlo mal. 

Egaus vive en una mansión antigua, con torres, biblioteca, cuadros viejos, y todo aquello que hace que el ambiente sea propicio para la tragedia. Pero hay algo más, Egaus está enfermo de un mal que hace que se vuelva el más friki de los frikis si centra su atención en algo en concreto. En la mansión también vive Berenice, prima y prometida de nuestro protagonista. También está enferma, padece ataques de epilepsia que van mermando su salud y belleza. Dos personajes así, metidos en una casa como aquella… nada puede salir bien.

Esta historia trasciende a su tiempo y a la atmósfera gótica que la rodea, porque el miedo a la locura, a perder la cabeza, es uno de los miedos más arraigados y profundos. No queremos ni imaginar lo que seríamos capaces de hacer si no tuviéramos el control sobre nosotros mismos. Mientras la mente humana siga siendo esa gran incógnita, Berenice no dejará de impactarnos.

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ACEITE DE PERRO. Ambrose Bierce

Ambrose Bierce (Estados Unidos, 1842- 1914) es un maestro del cuento. En pocas, muy pocas palabras, es capaz de meterte de lleno en un mundo increíblemente construido. Y sus mundos no son sencillos, no. En las breves líneas de Aceite de perro, hay demasiado para dejarte pasmado. La historia no le pide nada a esas  novelas monumentales que llenan los escaparates de las librerías durante la temporada alta. 

Este cuento es retorcido, desconcertante. Un pueblo rural de lo que denominan ‘la América profunda’, puede llegar a ser tan espeluznante como un castillo infestado de vampiros en  la Europa del Este. Si no me creen, acuérdense de La Masacre de Texas (Dir. Tobe Hooper, 1974). 

Bierce saca el arsenal de buen hacedor de cuentos y nos regala una historia muy loca, redonda y más  compleja de lo que pueda llegar a parecer. 

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LA NARIZ, Nicolái Gógol

Imagina que despiertas una mañana y tu nariz ha desaparecido. En su lugar sólo tienes una superficie de piel lisa que debes cubrir mientras intentas resolver el misterio… 

La nariz, de Nicolái Gógol (Ucrania, 1809- 1852), no es un cuento de terror como tal, pero quise que tuviera un lugar en esta lista porque posee un componente sobrenatural que desconcierta bastante. 

Cada época tiene sus monstruos, su terrores, pero hay miedos eternos, miedos que van más allá de nuestras creencias o formas de entender la vida. No creo que nadie quiera verse en la situación de La nariz.

A pesar de ser una historia con toques de humor —se han hecho versiones ilustradas y dirigidas al público infantil—, no puedo evitar que esta historia me provoque escalofríos. Me sucede también con La metamorfosis (Franz Kafka). Despertar y descubrir que nada es como lo dejaste la noche anterior… Soy incapaz de desprenderme de esa sensación de angustia. Por eso me gustan estas historias, porque nos enfrentan a situaciones que nos sacan de la zona de confort, porque nos descolocan. Dan directamente en la diana de los miedos más arraigados, más profundos, esos que arrastramos desde niños.

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Nuestros miedos han cambiado, eso es evidente. Hoy en día, nos asustan más los fenómenos climatológicos que las momias. Nos asustan mucho las posibilidades que alberga el espacio exterior, las enfermedades víricas, los rincones oscuros de la mente. La tecnología se ha convertido en el centro de muchos de los miedos que desarrollaremos en el futuro. Vemos un capítulo de Black Mirror (Netflix) y nos sudan las manos, nos va más rápido el corazón. 

Enfermedades que fabrican zombies; vampiros que hace tiempo dejaron de esconderse en el castillo. Los robots son los nuevos monstruos de Frankenstein… ¡Cómo hemos cambiado! Pero seguimos teniendo miedo. Nuestros cuerpos experimentan los mismos procesos y reacciones ante los sustos, que los de nuestros antepasados. 

Nos aterra y atrae a partes iguales todo lo relacionado con el miedo. Por eso, y mientras exista algo que te haga pasar un mal rato, tendremos buenas historias para no dormir.

Así que, no olvides mirar debajo tu cama esta noche… solo por si acaso. 


Dulces sueños.

CARNE Y HUESO INSPIRANDO FICCIÓN


La historia se construye sobre los hombros de personajes únicos. Sabemos de ellos gracias a su legado y a sus biógrafos. Aspectos de sus vidas se convierten leyenda, y la leyenda se transforma en nuevas historias que sirven de inspiración a aquellos que escriben ficción.

Esta entrada no es un homenaje a las personas de carne y hueso que inspiraron estos libros (aunque no negaré que  cada uno de ellos resulta atractivo). Es un pequeño tributo a todos los autores que encuentran la inspiración en la realidad de otros y la transforman en algo nuevo. No debe ser un trabajo fácil, pero estos tres escritores nos demuestran que bien vale la pena el viaje y el esfuerzo.

Elegí estas tres obras por aquello que las rodea: sus ambientes, sensaciones y emociones. Trozos de historia para dejar volar la imaginación. 

Cada una te llevará por sitios y circunstancias tan dispares, como dispares son las vidas de estos tres personajes. Prometo risas, lágrimas, dudas. Prometo historias que te mantendrán bien aferrado al libro. Prometo, lector, plumas rebosantes de imaginación y de oficio.





Llegué a este libro por Sherlock Holmes, en realidad, llego a muchas de mis lecturas gracias al detective más famoso de todos los tiempos. Todo lo que huele a Sherlock, es para mí como una necesidad. No me canso del inquilino del 221 B de Baker Street. 

La sorpresa fue grande. Rafael Marín (España, 1959) es mucho más que un buen escritor. Ha sido el traductor de un montón de nuestras obras de ciencia ficción favoritas  ¿Te suena haber leído a autores como Ray Bradbury, Orson Scott Card, John Brunner, Brandon Sanderson, Ursula K. Le Guin o Robert Harris?  Ya le puedes dar las gracias. 

Sobre Marín se pueden decir un montón de cosas, todas buenas, pero no acabaríamos nunca —un pendiente más en la lista de entradas que se nos van acumulando—. Te adelanto que cualquier libro suyo merece ser leído. Así que empecemos por Elemental, querido Chaplin, ¿no?

¿Y si Sherlock Holmes no fuera solo producto de la imaginación de Arthur Conan Doyle? ¿Y si realmente existió? Charles Chaplin, sí, el Chaplin que todos conocemos, una de las figuras cinematográficas más importantes de todos los tiempos, da fe de ello, y lo hace a través de un manuscrito descubierto en una caja de seguridad de un banco suizo. 

El pequeño Charlie se une a los Irregulares de Baker Street y ayuda a nuestro detective favorito en un caso que implica a un escritor que todos conocemos, y a un villano chino que seguro conoces. Años más tarde, un Charlie joven y nuestro detective, volverán a unir fuerzas en un caso muy importante:  proteger al hombre más inteligente del mundo.

Watson, Mycroft, Wiggins, Lestrade… ninguno de los nombres del universo Sherlock falta en esta historia. Chaplin los conoció a todos, los recuerda y atesora  esos encuentros. 

La dura infancia del joven, la lucha diaria forjando su carrera de actor, reflexiones sobre la realidad de su tiempo; todo cabe en esta aventura. Te sorprenderá enormemente la rapidez con la que se te van a pasar las páginas. Quedarás fascinado ante todos los personajes, iconos de la ficción y de la realidad, que desfilan  por aquí. No te adelanto los nombres. Tendrás que descubrirlos tú mismo.





LA HERMANA DE FREUD. Goce Smilevski

En una nota increíble, firmada por Alberto Manguel para el periódico El País, hay una frase que tengo que citar aquí porque creo que le hace justicia, no solo a La hermana de Freud, sino a muchos libros cuyos personajes han salido de la carne de la realidad: 
«La hermana de Freud demuestra cómo el arte de la ficción puede plantear ciertas preguntas esenciales que las ciencias históricas no pueden o no se atreven a plantear»
A veces, la necesidad de crear un libro de esta naturaleza, va más allá del homenaje o del gusto de transportar al lector a la vida y obra de estos iconos. A veces, esas historias cuestionan e intentan hacer una reflexión sobre sucesos y desiciones determinantes en sus vidas. Manguel habla de  «personajes infinitos», aquellos que están llenos de matices, de fans y detractores. Aquellos de los que nunca está todo dicho.


«En 1938 Sigmund Freud consigue un salvoconducto para huir del régimen nazi y la posibilidad de llevar consigo a algunas personas de su entorno. Escribe una lista de dieciséis nombres, entre ellos están su perro, su cuñada, sus criadas y su médico, pero no sus hermanas. Una de ellas, Adolphine, es la protagonista de esta asombrosa novela sobre la familia Freud, el esplendor artístico y cultural de Viena a comienzos de siglo, y la controvertida época que le tocó en suerte»

En este libro, no es Freud el personaje principal, pero son sus acciones, o mejor dicho, su decisión,  la que sirve como detonador de esta historia. 

Goce Smilevski (Macedonia, 1975), muestra las relaciones familiares entre Adolphine y los suyos —centrándose en la relación con su hermano— desde una perspectiva digna de análisis freudiano. Es como dar a los Freud "una sopa de su propio chocolate". 

El gran acierto de esta novela es, desde mi punto de vista, que el autor se esforzó mucho para no escribir un típico relato lacrimógeno de un supuesto hermano malo (a veces rarito), y sus consecuencias. Aunque la novela está llena de pasajes emotivos, de momentos que sí que pueden llegar a sacarte una lagrimita; para él es más importante delinear personajes fuertes, circunstancias que hagan que el lector no juzgue y condene desde la superficie.

Adolphine es increíble: una mente  brillante, una fuerza de la naturaleza, pero empequeñecida por su tiempo, circunstancias, y por las relaciones familiares tan complicadas que, como a cualquier persona, marcan de por vida. Te resultará sumamente interesante, y a ratos inquietante, dejarte llevar por sus recuerdos, por las reflexiones que hace sobre el trabajo de su hermano, los aspectos duros de sus vidas y el largo camino que debe sortear como judía en un país gobernado por el régimen nazi. 




EL CASO NERUDA, Roberto Ampuero

Este autor, otro de los que se suma a la larga lista de autores que merecen su propia entrada en Letraterrestres, es uno de los escritores más reconocidos en América Latina. La saga de Cayetano Brulé, de la que forma parte El caso Neruda, lo ha colocado en lo más alto de la novela policiaca latinoamericana. Roberto Ampuero (Chile, 1953), además de escritor, ha llevado una vida política destacable como embajador de Chile en México y como ministro de Cultura. Trotamundos, y conocedor de la historia y la actualidad política, ambos aspectos siempre están presentes en sus historias. Pero vamos a lo que nos ocupa, que en este momento no es Ampuero, sino el sujeto de su inspiración: Pablo Neruda.

En las letras en castellano, ¿quién no conoce a Pablo Neruda? El primer libro que compré, con el dinero de mi lunch escolar, fue Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Unos vendedores fueron a mi colegio y nos hablaron de las bondades de la lectura. Caí como mosca. Leer ya me gustaba, pero esas palabras sobre la importancia de leer, me atraparon por completo. Yo pagué lo correspondiente a un helado, o a una bolsa de patatas fritas, y ellos me vendieron a Neruda. No fue un trato comercial justo, lo sé. Perdieron de calle.

Fue Neruda lo que me acercó a ella. Hasta entonces no sabía nada de nada, ni de Ampuero, ni mucho menos de Cayetano Brulé. 

Este libro es el sexto, y penúltimo, de la saga del detective. Ya llevaba unas páginas cuando me enteré. Estuve a punto de dejarlo y buscar el primero, pero, por la Wikipedia supe que  es una «...especie de precuela,  donde Cayetano, mientras se dirige a ver a unos posibles clientes, rememora cómo se inició en el oficio detectivesco». Así que decidí retomarlo sin miedo, y a ese punto quiero llegar: disfrutarás igualmente del libro sin necesidad de leer primero toda la saga.

Valparaiso, Chile. Un Neruda de casi setenta años contacta con un joven cubano, Cayetano Brulé, para encomendarle una misión. Era la época previa al golpe de estado en Chile. Ampuero retrata maravillosamente el ambiente de esos días, la tensión, los enfrentamientos, Allende incluido. Viajes a México, a Cuba, al Berlín de la RDA… Cayetano descubre cosas que lo enfrentan a nuevas incógnitas, y mientras cumple su misión, ahonda más en el poeta,  en su vida e intimidad. 

A veces triste, a veces cargada de humor, esta novela es una aventura a tener en cuenta. Bien dice Neruda a Cayetano Brulé, cuando lo bautiza como detective, que los personajes de Poe o Conan Doyle (refiriéndose a Dupin o a Holmes), fracasarían si intentaran resolver casos en América Latina. Y esa verdad se cumple cuando vemos a nuestro detective «cubano de Florida» metido entre legajos y legajos de papeles en una oficina de la burocracia mexicana. 

Los amores de Neruda, otro de los aspectos  importantísimos del libro. Amores intensos y complicados. Amores de poeta. Neruda da para mucho en este sentido y Ampuero lo sabe y lo utiliza. Pone en evidencia sus luces y sombras. Construye a un Neruda maduro, que hace balance de su vida y toma conciencia de los asuntos del pasado que necesita resolver. Si Neruda te gusta, vas a disfrutar bastante. Si no conoces su obra, sé que te va a despertar el gusanillo. 

Ampuero crea ambientes de manera impresionante. De verdad te traslada a la época y a los lugares donde sus personajes ponen los pies. Describe con mucho mimo los detalles, te transporta.

Quizás los menos afortunados con esta lectura, sean los fanáticos de hueso colorado de la novela policiaca. Siento a Cayetano Brulé, más cercano a Kostas Jaritos,  protagonista de la saga escrita por Petros Márkaris (salvando las distancias y las épocas, claro está), que a los detectives-superhéroe, a los que estamos acostumbrados hoy en día. Tanto Jaritos, como Brulé, son personas en apariencia corrientes, pero con buen olfato y nada ajenas a los acontecimientos de su tiempo. Jaritos vive y se preocupa de la crisis griega, así como Brulé vive y se preocupa de la tensión política chilena.


Aquí tienes, lector, tres novelas que te acercarán un poco más al universo de estos señores tan conocidos, tres hombres que no han pasado desapercibidos por la historia ni por la literatura, y que a pesar de los años, siguen inspirando y siguen hablando a través de los valientes que se atreven a sacudir sus pedestales.

BLASCO IBÁÑEZ: LITERATURA Y CINE (CONFERENCIA EN LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE VALENCIA)


Valencia vivió estos días una fiesta cinematográfica y cultural: MOSTRA VIVA DEL MEDITERRANI. Dentro del marco de actividades, asistimos a una conferencia sobre Vicente Blasco Ibáñez, pero en esta ocasión, para conocer al Blasco más cinematográfico.




La conferencia estuvo a cargo de Cécile Fourrel de Frettes, catedrática y profesora en la universidad Paris 13, autora del libro: Vicente Blasco Ibáñez y el cine francés (1914- 1918), y Vicente Muñoz Puelles, novelista, escritor y miembro del Consell Valencià de Cultura. 

Ambos conocen la vida y obra de Blasco Ibáñez como la palma de su mano, así que nos regalaron  una charla muy interesante, llena de reflexiones y grandes anécdotas. Creo no equivocarme si afirmo que todos los presentes salimos de allí con ganas de devorar la bibliografía del autor, y claro, ver aquellas joyas del cine que inspiraron sus historias.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ (1867- 1928)

Escritor, periodista, político, editor, productor, guionista, director… a este valenciano no se le resistió nada, y todo lo hizo a lo grande.  Desde muy joven tuvo inquietudes literarias y políticas. Fundó periódicos y participó activamente de la vida política de Valencia. Fue diputado, creó su propio partido, cayó preso y conoció el exilio. Dentro del mundo de los libros, fundó y sacó adelante su propia editoral, Prometeo. Tuvo la oportunidad de vivir y disfrutar de su éxito,  de viajar muchísimo y de ganar bastante dinero. Blasco no paró nunca, y mientras vivía esa vida tan intensa, no dejó de escribir grandes historias. Y sí, también probó con el cine: en España, en Francia, y como no, en Hollywood.




LA CONFERENCIA

Cécile Fourrel  menciona que la relación entre Blasco y la imagen surge en su etapa como editor, en la que  el autor trabaja directamente con los ilustradores de sus obras. Vicente Muñoz Puelles nos habló de la fuerza que tomaba el cine por aquellos años, y de cómo Blasco fue consciente, muy pronto, del poder que alcanzaría este medio. 

Ambos coinciden en que era un escritor muy visual: lograba que el lector viera lo que contaba. La fuerza que tiene la imagen en su narrativa, atrae a los realizadores que ven en sus historias muchas posibilidades. Según Fourrel, el autor tuvo buena acogida en Francia, gracias a su discurso nacionalista y por el toque melodramático de sus historias. 

Entre naranjos (1914) y El tonto de la huerta (1914), son las dos primeras adaptaciones cinematográficas que se hacen de sus obras y en las que inicia una relación directa con el mundillo. Mención obligada merece el cuento La vieja  del cinema. Es muy probable que Blasco la hubiera adaptado al cine en 1917, pero no hay ninguna pista sobre el paradero o la existencia de la cinta. Esperemos que un buen día, y que sea pronto, alguien la encuentre. Sería increíble tener la posibilidad de verla, tras cien años de conjeturas y silencio. Mientras eso sucede, te recomiendo enormemente leer el cuento. Creo que de alguna manera refleja el interés del autor por el séptimo arte y sus posibilidades. Además, la historia es brutal, conmovedora, y con ese toque mágico que la hace especial. (Puedes leerla aquí)

La adaptación de Sangre y Arena, de 1917, es la primera película en la que Blasco participa como director, guionista y productor. Es aquí, nos cuenta Fourrel, donde crea la rama cinematográfica de su editorial: Prometeo Films. De esta adaptación, por desgracia, solo se conservan algunos minutos de metraje. Después de esta etapa de películas (algunas perdidas o recuperadas a trocitos), llegó Hollywood.


Los cuatro jinetes del Apocalipsis, fue la novela que los estadounidenses llevaron a la gran pantalla. The Four Horsemen of the Apocalypse (Rex Ingram, 1921), se convirtió en la película más taquillera del año y en una de las más vistas del cine mudo de todos los tiempos. Rodolfo Valentino, actor y protagonista de la cinta, fue elevado a la categoría de mito. Repitió en la siguiente adaptación de una historia de Blasco: Blood and Sand (Dir. Alberto Marro, 1922). Sobra decir que el autor se convirtió en un valor seguro dentro de la industria.

Muñoz Puelles cuenta que Blasco intentó involucrarse en el guión de sus adaptaciones, aunque sin éxito. Fourrel menciona que es posible que no lograra llegar a entender la manera de confeccionar un guión cinematográfico. Aunque no se le dio bien el oficio de guionista, solo con aportar su firma, otorgaba un plus de prestigio a la producción.

Ambos coinciden en que el cine dio mucho a su narrativa, que encontró en él una inspiración y una forma de de renovar su escritura. 

La conferencia también se nutrió de anécdotas interesantes. Por ejemplo,  el empeño del autor por llevar al cine una versión de El Quijote. Se intentó en Estados Unidos, pero no salió bien. Al parecer, el guión que propuso, era demasiado engorroso para la gran pantalla. Además, los estadounidenses estaban interesados en un Quijote cowboy —sí, lector, puedes llevarte las manos a la cabeza—. ¡Un Quijote cowboy! Menos mal que aquello no pasó de una mala idea.

Vicente Muñoz Puelles tuvo ocasión de hablarnos de su libro, publicado este año: El último manuscrito de Blasco Ibáñez (editorial Algar). Te dejo aquí la sinopsis:

«El padre de Ricardo es escritor y es feliz contando historias. La mayoría de las que cuenta no suelen interesarle y procura evitarlas con alguna excusa, pero el día que avanza que le han encargado una nueva novela sobre Vicente Blasco Ibáñez y que su bisabuelo y él habían sido muy buenos amigos, Ricardo sabe que no hay escapatoria. Lo que no sabe es que, gracias a este encargo de su padre, descubrirá una época y un personaje fascinantes, así como muchos aspectos desconocidos de su bisabuelo y de su familia. Aunque el hallazgo más increíble de todos estaba olvidado en el piso donde su padre pasó su infancia. Gracias a él, encontrará su verdadera vocación».

Dice el autor, que él suele contar en sus libros «verdades que pasan por mentiras». Mucho de lo que escribió en esta historia, realmente sucedió. Desde luego, pienso leer El último manuscrito de Blasco Ibáñez, y compartirla contigo en cuanto tenga ocasión. 

Deseo con el alma que en la próxima edición de la Mostra Viva del Mediterrani, sigan apostando por conferencias y eventos donde la literatura y el cine se den la mano, tanto, y tan bien, como sucedió con Blasco Ibáñez y sus historias.

Gracias a Cécile Fourrel y a Vicente Muñoz Puelles por compartirnos sus conocimientos y contagiarnos su pasión por la obra de Blasco Ibáñez. Espero, querido lector, que tú también te contagies de las ganas de seguir descubriendo a este autor todoterreno.



ALFONS ROIG Y LA GENERACIÓN DEL 27 (EXPOSICIÓN DEL MuVIM)


Hace unos días tuve la oportunidad de asistir al Museo Valencià de la Il-lustració i de la Modernitat (MuVIM), para ver la exposición: Alfons Roig i La Generació del 27. Confieso que fui totalmente a ciegas respecto a la figura de Alfons Roig. No tenía ni idea de quién se trataba y por qué estaba conectado a figuras tan importantes de la denominada Generación del 27 como Emilio Prados, Vicente Aleixandre, María Zambrano o José Bergamín.

Antes de salir de casa, rumbo al museo, decidí llevar conmigo un libro titulado: Literatura Contemporánea I, de la colección Historia de la Literatura Española, editorial Orbis. Es una colección que compré hace tiempo en un mercadillo. No está completa, por desgracia, pero me viene bien siempre que tengo alguna duda. Este libro, como es de esperar, contiene un apartado dedicado a La generación del 27, firmado por el poeta y crítico literario José Luis Cano. Leer aquello durante mi viaje en metro, me puso a tono para llegar a la exposición con la mente rodeada del espíritu del 27; con sus nombres, historia y legado, a flor de piel. 

¿Qué es la Generación del 27?

José Luis Cano nos cuenta que es «una de las generaciones poéticas más brillantes» de toda la historia de la literatura española. Nombres como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda o Vicente AleixandrePremio Nobel (1977)—, pertenecieron a este grupo de astros poetas.

Se les conoce como Generación del 27, pues en el año de 1927, un grupo de jóvenes y entusiastas poetas españoles (nacidos entre 1892 y 1906) celebraron por todo lo alto el tercer centenario de la muerte de Góngora. Homenajes, ediciones y antologías, en honor a un poeta al que no veían con buenos ojos los críticos y académicos de la época. Celebrar a Góngora de aquella forma fue toda una declaración de intensiones, una ruptura con el pasado y una nueva forma de crear y entender la poesía.

A este acontecimiento se unió uno más: el acto público en El Ateneo de Sevilla. «Poetas del 27 leían públicamente sus versos», nos cuenta Cano.

Aunque los inicios de la generación estuvieron marcados por la búsqueda del “purismo poético”, heredado de Juan Ramón Jimenez, los tiempos de cambio y la actualidad política y social de la España de la Segunda República influyeron enormemente en los poetas:

«quedaba muy poco del clima estetizante y purista de los primeros años de la generación, que había sido sustituido por un clima de hervor y fiebre poética, por una temperatura de pasión y de vida, que había ido creciendo paralelamente a la política del país,  que culminó en julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil» (José Luis Cano).

La posguerra trajo persecución, prisión, exilio y también muerte para los poetas de la generación del 27. Su obra comienza a expresar entonces el dolor de la guerra, de la añoranza por la patria perdida. Los poetas escribieron, en palabras de Cano: «una poesía temporalista… más honda y más grave, más sumida en el tiempo y en la muerte…» . 

Es en esta etapa de la posguerra, donde nos encontramos con Alfons Roig, protagonista de esta exposición. Mano amiga, consuelo, confidente y apoyo para muchos de los poetas de la Generación del 27.




Alfons Roig

Sacerdote, escritor y profesor valenciano, Alfons Roig Izquierdo (1903- 1987) fue una figura notable dentro del panorama artístico español. Se distinguió como crítico de arte e impulsor del arte moderno en España, tarea difícil, considerando que lo hizo bajo el régimen franquista, y en una época donde lo moderno estaba visto casi como obra de Satán. 

Su pasión y conocimientos fueron más allá de las artes plásticas. Su amor por la poesía lo llevó a mantener contacto con grandes figuras del 27, a las que admiraba, respetaba y valoraba enormemente. 

La honda impresión que le dejó el fusilamiento del doctor Peset Aleixandre, a manos del régimen, hizo que Roig volcara sus esfuerzos para mantener contacto y ayudar a los poetas.



La exposición

De ese amor por la poesía y la preocupación por el destino de los poetas de la Generación del 27, se nutre esta exposición. Cartas, fotografías, y la colección de libros del sacerdote (muchos de ellos dedicados), componen el archivo custodiado por el MuVIM. Si estás en Valencia, no dejes pasar la oportunidad de ver la exposición. Tienes hasta el 12 de noviembre.

De la correspondencia que Roig mantenía con Vicente Aleixandre, y a través de José Luis Cano,  editor por aquellos años de la revista Ínsula, que publicaba a varios autores en el exilio (y cuyo artículo yo acababa de leer en el metro, sin tener ni idea de lo importante que es Cano en esta historia); Roig logra contactar con José Bergamín, María Zambrano y Emilio Prados, entre otros. 

Roig pide perdón a los poetas en nombre de la iglesia. Lo pide por permanecer impasibles ante la suerte de muchos de ellos. Ofrece la ermita de Llutxent, como casa y refugio para los poetas que desearan regresar al país, y trabaja para convertir aquel lugar en un centro de creación artística. 

La correspondencia expuesta en el MuVIM, nos acerca a la humanidad del padre, a su labor incansable por dar consuelo, apoyo, y tender puentes entre los literatos exiliados y España.

Mención de honor merece la correspondencia que Roig mantuvo durante años con la viuda de Miguel Hernández. En una de las cartas, fechada en 1969, Josefina Manresa agradece al padre por preservar y mantener vivo el recuerdo de su marido.

Cada carta es como una pieza de un gran rompecabezas que nos ayuda a entender el dolor, la tristeza, el porqué de esa poesía combativa y desgarradora que convirtió a todos esos autores en auténticas leyendas.

Es necesario, y de justicia, dar a conocer y homenajear la figura de Alfons Roig. Personas como él, son las que nos hacer valorar el trabajo y el esfuerzo que hay detrás de la creación artística. 

Señor Cano, tiene usted razón cuando dice que:

«...podemos ver en la actualidad que aquel grupo de poetas acusados, cuando eran jóvenes, de esteticistas y deshumanizados,  no sólo han enriquecido con libros inmortales nuestra poesía, sino que además ha contribuido con un vivo ejemplo moral frente a una sociedad que en un primer momento los rechazó y que hoy admite que han legado a nuestra cultura un tesoro poético cuya importancia ha sido comparada, y con razón… a la de nuestros grandes poetas del Siglo de Oro»

Habrá que agradecer a Alfons Roig, y a los responsables de esta exposición que, a noventa años del homenaje a Góngora y del Ateneo de Sevilla, hoy podamos recordar a la Generación del 27, con sus nombres, vidas y obras.

El centenario está cerca. Espero verlos entonces y celebrarlo. Quizás del homenaje a Alberti, a Lorca, a Aleixandre, a todos ellos; quizás de ese homenaje futuro surja la nueva generación de poetas que marque el rumbo de la poesía del nuevo siglo. 


Desde luego, yo no me lo pienso perder, ¿y tú?

HISTORIAS DE CHICOS MALOS



El otro día un amigo me pidió que le recomendara algunas lecturas. Decidí indagar un poco en sus gustos, para no meter la pata, porque quiero que se lo pase bien, que disfrute de ese momento tan personal e íntimo de agarrar un libro y dejarse llevar. Él me respondió que había devorado El Padrino (Mario Puzo), que la serie Narcos (Netflix), le encantaba. En definitiva, que lo suyo eran las historias de chicos malos

¿Por qué nos resulta tan fascinante el mundo de los chicos malos? Mi amigo no es el único que vive con emoción esas historias. Un montón de lectores nos hemos dejado atrapar por sus personajes: seres de carácter complejo, que se mueven en entornos al límite, donde una buena dosis de violencia, lealtades puestas a prueba, persecuciones, delitos y crímenes, son la sal y la pimienta para mantenernos pegados a un libro. Las situaciones rocambolescas a las que el chico malo se enfrenta desde que se levanta, el modo en que su carácter y juicio  manejan cada situación, eso también nos  gusta. Creo que, a veces, reconocemos un poco de nosotros mismos en el chico malo de la historia. Nosotros, los lectores, también somos seres complejos, también nos enfrentamos a la vida todos los días; cometemos nuestros errores y celebramos nuestros triunfos. Eso es lo que nos une al chico malo, y nos une de tal forma, que aún cuando él merezca el peso de ley, deseamos con todas nuestras fuerzas que el escritor no se ensañe, que le dé la oportunidad de seguir haciendo de las suyas. 

Las historias sobre las vidas y peripecias de los chicos malos, nos sirven de agente liberador. Sabemos que hay una realidad dura fuera de casa. Sabemos que hay chicos malos de carne y hueso, pero, y citando a J. M. Mulet, en su maravilloso libro La ciencia en la sombra (del que ya hablaremos):

«…el mal nos atrae. No lo reconocemos, pero nos da morbo. En el instituto los empollones no ligan, pero en cambio los repetidores que se meten en peleas, fuman en los baños e insultan a los profesores ejercen de machos alfa y suelen atraer a las chicas más guapas. Posiblemente sea una herencia de nuestro pasado salvaje…»

Los chicos malos no son personajes exclusivos del género negro. Los chicos malos están presentes en un montón de libros. La sociedad conservadora estadounidense condenó con la etiqueta de chico malo a Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno, durante mucho tiempo. Robin Hood fue otro chico malo. Forajido, pero de intenciones nobles, luchaba contra el poder establecido, y su figura sigue encandilando a escritores y lectores a través del tiempo. 

Cine, televisión: actualmente estoy pegada a The Blacklist (NBC). Thomas “Red” Reddington (James Spader), protagonista de la serie, es un chico malo en toda la extensión de la palabra, y ha gustado tanto, que ya van a por la quinta temporada. Todo el campo de la ficción sucumbe a los encantos de los chicos malos.





«Unos gozan la vida, otros la sufren, nosotros la combatimos».  Antiguo proverbio de los urcas siberianos.

Serán peras o manzanas, pero uno se devora las páginas de este libro. Digo que “serán peras o manzanas”, pues se dice que Educación Siberiana,  y los libros que le siguieron, son todo, menos el relato autobiográfico que nos vendieron. En fin, ya retomaremos más adelante la controversia, pero ahora vamos con el libro.

Nicolai Lilin (1982), cuyo nombre real es Nicolaj Veržbickij, nos presenta un relato con tintes autobiográficos sobre la vida del pueblo urca, nativos de Siberia que fueron obligados por el régimen estalinista a emigrar a Transnistria, región moldava en la frontera con Ucrania.  Transnistria, aunque reconocida como territorio de Moldavia, está controlada por grupos separatistas. La situación política de la región es complicada, y lo ha sido prácticamente toda la vida. Nuestro protagonista nace en medio de todo ese caos:

«…me crié en un barrio de mala fama donde se establecieron los criminales expulsados de Siberia en los años treinta; vivía en Bender entre ellos, y los habitantes de mi criminalísimo barrio formábamos una gran familia…»

Fragmentos de infancia y juventud, en un ambiente cargado de elementos y ritos iniciáticos: desde «ganarse un arma», al paso obligado por la cárcel. Los tatuajes, trofeo para convertir a nuestro protagonista en un urca respetable. La delincuencia, profesión admirada y valorada en una sociedad ultraconservadora; curtida y endurecida por su historia. Férreos códigos morales, respeto a las tradiciones, el gran apego a la familia, a la comunidad y  a la religión. La policía y el gobiernos: enemigos mortales de los urcas. Pasajes tensos y mucha violencia… a Educación Siberiana no lo falta nada, si lo que buscas es una historia de chico malo de manual. 

Este libro, originalmente escrito en italiano —Lilin vive actualmente en Italia—, fue un éxito de ventas. Aunque Educación Siberiana  se vendió como “autobiográfico”, muchos de los acontecimientos narrados en él —y en los escritos posteriormente—, han sido puestos en duda. Desde la existencia real del pueblo urca, hasta la cronología de algunos hechos destacables, y la participación de Lilin en los mismos, influyeron para que el autor se distanciara de esa etiqueta. 

Una vez medio aclarado el asunto, lo importante es que este libro te hará disfrutar un buen rato con sus ambientes, conflictos y estilo.





Si alguien sabe hacer historias de chicos malos, ese es su majestad, Don Winslow (1953). Cualquiera de sus libros, te hará meterte en historias violentas y gamberras. Novelas de género negro, cargadas de misterio y crímenes. Su libro El poder del perro lo elevó a lo más alto, y ahora con El Cártel, la segunda parte, su éxito no para crecer. 

Sin embargo, para esta lista de recomendaciones he elegido El invierno de Frankie Machine, porque es bueno recordar que un chico malo de verdad, de los auténticos, no pierde el toque, ni con la jubilación.

Un vendedor de carnada en las costas de San Diego, reflexiona sobre la vida, sobre los viejos tiempos, mientras disfruta de los pequeños placeres cotidianos. Quién diría que aquel varón inteligente, aficionado a los crucigramas, juez y autoridad en los desencuentros del muelle, es una leyenda en el mundo de la mafia. Pero Frankie es feliz con su vida, sortea sus problemas domésticos y paga sus impuestos religiosamente para evitar el “factor Capone” (a pesar de todos los crímenes cometidos por el archiconocido mafioso, fue la evasión de impuestos lo que lo llevó a prisión). Frankie cuida de los suyos y respeta los códigos de la vieja escuela. Pero todo vuelve. El pasado siempre viene cargado de inconvenientes, y Frankie tiene que hacerse la pregunta que todo chico malo debe hacerse cuando el pasado te persigue:  


«¿Quién me quiere ver muerto?»

Amantes de las buenas historias de mafiosos, dar la oportunidad a El invierno de Frankie Machine. Disfrutarán muchísimo del personaje de Frankie, del ritmo y de la forma de narrar de Winslow. Con este autor no tendrás tiempo ni de parpadear.





Y nos vamos lejos, muy lejos en el tiempo, concretamente a 1817, durante la lucha de Independencia de México, para conocer a un chico malo imprescindible en la literatura de América Latina: El Periquillo Sarniento.

El legado de esta obra va más allá del increíble personaje de Pedro Sarmiento, o Periquillo (chico malo por sus cuatro costados), pues está considerada la primera novela escrita en América. Se escribió y publicó desafiando todo lo desafiable de la época —en este sentido también podríamos considerar a Fernandez de Lizardi como un bad boy de su generación—. El Periquillo Sarniento, soportó la censura, la entrada en prisión del autor, los altos costes de la imprenta,  la crítica mordaz y los ataques de los lumbrerillas del momento, que la consideraban: 

«una obra disparatada, extravagante y de pésimo gusto; de un romance o fábula escrita con feo modo, bajo un plan mal inventado, estrecho en sí mismo y más por el modo con que es tratado…» 

A lo que Lizardi responde con gran maestría a través cartas publicadas en prensa:

«Mas yo, con su licencia, tomo el Quijote de Cervantes, la obra maestra en clase de romances, y no veo en su acción nada raro, nada extraordinario, nada prodigioso. Todos los sucesos son demasiado vulgares y comunes, tales como pudieran acontecer a un loco de las circunstancias de don Alonso Quijada. Al mismo tiempo advierto que cada uno de los personajes de la fábula habla como los de su clase, esto es, vulgar y comúnmente. Hasta hoy estaba yo entendido en que una de las gracias de este género de composición era corregir las costumbres ridiculizándolas y pintándolas al natural, según el país donde se escribe…»

Era complicadísimo resistir la presión que acarreaba intentar publicar una obra por aquellos años, y más una obra como El Periquillo, que no deja títere con cabeza; que muestra y ataca las vergüenzas de todo lo que se pone en su camino: política, religión, burguesía, justicia… El resto, es historia, y vale la pena acercarse.

El Periquillo es un pícaro. En realidad, toda la obra pertenece a la tradición de la picaresca. Y qué son los pícaros sino chicos malos a los que les importa un pepino todo, que sobreviven en situaciones límite: robando, mintiendo y engañando; burlándose de todo y de todos. Chicos malos muy divertidos. En los pícaros tendrás, estimado lector, un abanico de historias de bad boys para pasarlo bomba.

Pedro Sarmiento hace y deshace su vida, y nos la cuenta —a nosotros y a sus hijos—, con la esperanza de llevarnos por el buen camino. Vive todas las aventuras de un chico malo, grado per saiyajin: roba, miente, burla, engaña, se mete en peleas, y vuelta a empezar. Pero el mundo que le rodea no es más cándido y gentil que él. Rodeado de lo peor de lo peor, y de algún personaje o momento que le aportan una lección moral; nuestro Periquillo logra sobrevivir y, como dice el título de la biografía de García Márquez: vivir para contarla.

Espero que mi amigo tenga una buena dosis de diversión con estos títulos, que se lo pase bien, acompañado de historias potentes y personajes únicos. Yo me he divertido mucho.

¿Cuáles son tus chicos malos favoritos de la literatura? No seas tímido, no tengas miedo. En este blog no hay omertá que valga. Vamos, cuéntame. Tengo ganas de saberlo.

* Ilustración de ladrón y policía: <a href="http://www.freepik.es/vector-gratis/diseno-de-ladron-y-policia_956812.htm">Diseñado por Freepik</a>

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