BLASCO IBÁÑEZ: LITERATURA Y CINE (CONFERENCIA EN LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE VALENCIA)


Valencia vivió estos días una fiesta cinematográfica y cultural: MOSTRA VIVA DEL MEDITERRANI. Dentro del marco de actividades, asistimos a una conferencia sobre Vicente Blasco Ibáñez, pero en esta ocasión, para conocer al Blasco más cinematográfico.




La conferencia estuvo a cargo de Cécile Fourrel de Frettes, catedrática y profesora en la universidad Paris 13, autora del libro: Vicente Blasco Ibáñez y el cine francés (1914- 1918), y Vicente Muñoz Puelles, novelista, escritor y miembro del Consell Valencià de Cultura. 

Ambos conocen la vida y obra de Blasco Ibáñez como la palma de su mano, así que nos regalaron  una charla muy interesante, llena de reflexiones y grandes anécdotas. Creo no equivocarme si afirmo que todos los presentes salimos de allí con ganas de devorar la bibliografía del autor, y claro, ver aquellas joyas del cine que inspiraron sus historias.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ (1867- 1928)

Escritor, periodista, político, editor, productor, guionista, director… a este valenciano no se le resistió nada, y todo lo hizo a lo grande.  Desde muy joven tuvo inquietudes literarias y políticas. Fundó periódicos y participó activamente de la vida política de Valencia. Fue diputado, creó su propio partido, cayó preso y conoció el exilio. Dentro del mundo de los libros, fundó y sacó adelante su propia editoral, Prometeo. Tuvo la oportunidad de vivir y disfrutar de su éxito,  de viajar muchísimo y de ganar bastante dinero. Blasco no paró nunca, y mientras vivía esa vida tan intensa, no dejó de escribir grandes historias. Y sí, también probó con el cine: en España, en Francia, y como no, en Hollywood.




LA CONFERENCIA

Cécile Fourrel  menciona que la relación entre Blasco y la imagen surge en su etapa como editor, en la que  el autor trabaja directamente con los ilustradores de sus obras. Vicente Muñoz Puelles nos habló de la fuerza que tomaba el cine por aquellos años, y de cómo Blasco fue consciente, muy pronto, del poder que alcanzaría este medio. 

Ambos coinciden en que era un escritor muy visual: lograba que el lector viera lo que contaba. La fuerza que tiene la imagen en su narrativa, atrae a los realizadores que ven en sus historias muchas posibilidades. Según Fourrel, el autor tuvo buena acogida en Francia, gracias a su discurso nacionalista y por el toque melodramático de sus historias. 

Entre naranjos (1914) y El tonto de la huerta (1914), son las dos primeras adaptaciones cinematográficas que se hacen de sus obras y en las que inicia una relación directa con el mundillo. Mención obligada merece el cuento La vieja  del cinema. Es muy probable que Blasco la hubiera adaptado al cine en 1917, pero no hay ninguna pista sobre el paradero o la existencia de la cinta. Esperemos que un buen día, y que sea pronto, alguien la encuentre. Sería increíble tener la posibilidad de verla, tras cien años de conjeturas y silencio. Mientras eso sucede, te recomiendo enormemente leer el cuento. Creo que de alguna manera refleja el interés del autor por el séptimo arte y sus posibilidades. Además, la historia es brutal, conmovedora, y con ese toque mágico que la hace especial. (Puedes leerla aquí)

La adaptación de Sangre y Arena, de 1917, es la primera película en la que Blasco participa como director, guionista y productor. Es aquí, nos cuenta Fourrel, donde crea la rama cinematográfica de su editorial: Prometeo Films. De esta adaptación, por desgracia, solo se conservan algunos minutos de metraje. Después de esta etapa de películas (algunas perdidas o recuperadas a trocitos), llegó Hollywood.


Los cuatro jinetes del Apocalipsis, fue la novela que los estadounidenses llevaron a la gran pantalla. The Four Horsemen of the Apocalypse (Rex Ingram, 1921), se convirtió en la película más taquillera del año y en una de las más vistas del cine mudo de todos los tiempos. Rodolfo Valentino, actor y protagonista de la cinta, fue elevado a la categoría de mito. Repitió en la siguiente adaptación de una historia de Blasco: Blood and Sand (Dir. Alberto Marro, 1922). Sobra decir que el autor se convirtió en un valor seguro dentro de la industria.

Muñoz Puelles cuenta que Blasco intentó involucrarse en el guión de sus adaptaciones, aunque sin éxito. Fourrel menciona que es posible que no lograra llegar a entender la manera de confeccionar un guión cinematográfico. Aunque no se le dio bien el oficio de guionista, solo con aportar su firma, otorgaba un plus de prestigio a la producción.

Ambos coinciden en que el cine dio mucho a su narrativa, que encontró en él una inspiración y una forma de de renovar su escritura. 

La conferencia también se nutrió de anécdotas interesantes. Por ejemplo,  el empeño del autor por llevar al cine una versión de El Quijote. Se intentó en Estados Unidos, pero no salió bien. Al parecer, el guión que propuso, era demasiado engorroso para la gran pantalla. Además, los estadounidenses estaban interesados en un Quijote cowboy —sí, lector, puedes llevarte las manos a la cabeza—. ¡Un Quijote cowboy! Menos mal que aquello no pasó de una mala idea.

Vicente Muñoz Puelles tuvo ocasión de hablarnos de su libro, publicado este año: El último manuscrito de Blasco Ibáñez (editorial Algar). Te dejo aquí la sinopsis:

«El padre de Ricardo es escritor y es feliz contando historias. La mayoría de las que cuenta no suelen interesarle y procura evitarlas con alguna excusa, pero el día que avanza que le han encargado una nueva novela sobre Vicente Blasco Ibáñez y que su bisabuelo y él habían sido muy buenos amigos, Ricardo sabe que no hay escapatoria. Lo que no sabe es que, gracias a este encargo de su padre, descubrirá una época y un personaje fascinantes, así como muchos aspectos desconocidos de su bisabuelo y de su familia. Aunque el hallazgo más increíble de todos estaba olvidado en el piso donde su padre pasó su infancia. Gracias a él, encontrará su verdadera vocación».

Dice el autor, que él suele contar en sus libros «verdades que pasan por mentiras». Mucho de lo que escribió en esta historia, realmente sucedió. Desde luego, pienso leer El último manuscrito de Blasco Ibáñez, y compartirla contigo en cuanto tenga ocasión. 

Deseo con el alma que en la próxima edición de la Mostra Viva del Mediterrani, sigan apostando por conferencias y eventos donde la literatura y el cine se den la mano, tanto, y tan bien, como sucedió con Blasco Ibáñez y sus historias.

Gracias a Cécile Fourrel y a Vicente Muñoz Puelles por compartirnos sus conocimientos y contagiarnos su pasión por la obra de Blasco Ibáñez. Espero, querido lector, que tú también te contagies de las ganas de seguir descubriendo a este autor todoterreno.



ALFONS ROIG Y LA GENERACIÓN DEL 27 (EXPOSICIÓN DEL MuVIM)


Hace unos días tuve la oportunidad de asistir al Museo Valencià de la Il-lustració i de la Modernitat (MuVIM), para ver la exposición: Alfons Roig i La Generació del 27. Confieso que fui totalmente a ciegas respecto a la figura de Alfons Roig. No tenía ni idea de quién se trataba y por qué estaba conectado a figuras tan importantes de la denominada Generación del 27 como Emilio Prados, Vicente Aleixandre, María Zambrano o José Bergamín.

Antes de salir de casa, rumbo al museo, decidí llevar conmigo un libro titulado: Literatura Contemporánea I, de la colección Historia de la Literatura Española, editorial Orbis. Es una colección que compré hace tiempo en un mercadillo. No está completa, por desgracia, pero me viene bien siempre que tengo alguna duda. Este libro, como es de esperar, contiene un apartado dedicado a La generación del 27, firmado por el poeta y crítico literario José Luis Cano. Leer aquello durante mi viaje en metro, me puso a tono para llegar a la exposición con la mente rodeada del espíritu del 27; con sus nombres, historia y legado, a flor de piel. 

¿Qué es la Generación del 27?

José Luis Cano nos cuenta que es «una de las generaciones poéticas más brillantes» de toda la historia de la literatura española. Nombres como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda o Vicente AleixandrePremio Nobel (1977)—, pertenecieron a este grupo de astros poetas.

Se les conoce como Generación del 27, pues en el año de 1927, un grupo de jóvenes y entusiastas poetas españoles (nacidos entre 1892 y 1906) celebraron por todo lo alto el tercer centenario de la muerte de Góngora. Homenajes, ediciones y antologías, en honor a un poeta al que no veían con buenos ojos los críticos y académicos de la época. Celebrar a Góngora de aquella forma fue toda una declaración de intensiones, una ruptura con el pasado y una nueva forma de crear y entender la poesía.

A este acontecimiento se unió uno más: el acto público en El Ateneo de Sevilla. «Poetas del 27 leían públicamente sus versos», nos cuenta Cano.

Aunque los inicios de la generación estuvieron marcados por la búsqueda del “purismo poético”, heredado de Juan Ramón Jimenez, los tiempos de cambio y la actualidad política y social de la España de la Segunda República influyeron enormemente en los poetas:

«quedaba muy poco del clima estetizante y purista de los primeros años de la generación, que había sido sustituido por un clima de hervor y fiebre poética, por una temperatura de pasión y de vida, que había ido creciendo paralelamente a la política del país,  que culminó en julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil» (José Luis Cano).

La posguerra trajo persecución, prisión, exilio y también muerte para los poetas de la generación del 27. Su obra comienza a expresar entonces el dolor de la guerra, de la añoranza por la patria perdida. Los poetas escribieron, en palabras de Cano: «una poesía temporalista… más honda y más grave, más sumida en el tiempo y en la muerte…» . 

Es en esta etapa de la posguerra, donde nos encontramos con Alfons Roig, protagonista de esta exposición. Mano amiga, consuelo, confidente y apoyo para muchos de los poetas de la Generación del 27.




Alfons Roig

Sacerdote, escritor y profesor valenciano, Alfons Roig Izquierdo (1903- 1987) fue una figura notable dentro del panorama artístico español. Se distinguió como crítico de arte e impulsor del arte moderno en España, tarea difícil, considerando que lo hizo bajo el régimen franquista, y en una época donde lo moderno estaba visto casi como obra de Satán. 

Su pasión y conocimientos fueron más allá de las artes plásticas. Su amor por la poesía lo llevó a mantener contacto con grandes figuras del 27, a las que admiraba, respetaba y valoraba enormemente. 

La honda impresión que le dejó el fusilamiento del doctor Peset Aleixandre, a manos del régimen, hizo que Roig volcara sus esfuerzos para mantener contacto y ayudar a los poetas.



La exposición

De ese amor por la poesía y la preocupación por el destino de los poetas de la Generación del 27, se nutre esta exposición. Cartas, fotografías, y la colección de libros del sacerdote (muchos de ellos dedicados), componen el archivo custodiado por el MuVIM. Si estás en Valencia, no dejes pasar la oportunidad de ver la exposición. Tienes hasta el 12 de noviembre.

De la correspondencia que Roig mantenía con Vicente Aleixandre, y a través de José Luis Cano,  editor por aquellos años de la revista Ínsula, que publicaba a varios autores en el exilio (y cuyo artículo yo acababa de leer en el metro, sin tener ni idea de lo importante que es Cano en esta historia); Roig logra contactar con José Bergamín, María Zambrano y Emilio Prados, entre otros. 

Roig pide perdón a los poetas en nombre de la iglesia. Lo pide por permanecer impasibles ante la suerte de muchos de ellos. Ofrece la ermita de Llutxent, como casa y refugio para los poetas que desearan regresar al país, y trabaja para convertir aquel lugar en un centro de creación artística. 

La correspondencia expuesta en el MuVIM, nos acerca a la humanidad del padre, a su labor incansable por dar consuelo, apoyo, y tender puentes entre los literatos exiliados y España.

Mención de honor merece la correspondencia que Roig mantuvo durante años con la viuda de Miguel Hernández. En una de las cartas, fechada en 1969, Josefina Manresa agradece al padre por preservar y mantener vivo el recuerdo de su marido.

Cada carta es como una pieza de un gran rompecabezas que nos ayuda a entender el dolor, la tristeza, el porqué de esa poesía combativa y desgarradora que convirtió a todos esos autores en auténticas leyendas.

Es necesario, y de justicia, dar a conocer y homenajear la figura de Alfons Roig. Personas como él, son las que nos hacer valorar el trabajo y el esfuerzo que hay detrás de la creación artística. 

Señor Cano, tiene usted razón cuando dice que:

«...podemos ver en la actualidad que aquel grupo de poetas acusados, cuando eran jóvenes, de esteticistas y deshumanizados,  no sólo han enriquecido con libros inmortales nuestra poesía, sino que además ha contribuido con un vivo ejemplo moral frente a una sociedad que en un primer momento los rechazó y que hoy admite que han legado a nuestra cultura un tesoro poético cuya importancia ha sido comparada, y con razón… a la de nuestros grandes poetas del Siglo de Oro»

Habrá que agradecer a Alfons Roig, y a los responsables de esta exposición que, a noventa años del homenaje a Góngora y del Ateneo de Sevilla, hoy podamos recordar a la Generación del 27, con sus nombres, vidas y obras.

El centenario está cerca. Espero verlos entonces y celebrarlo. Quizás del homenaje a Alberti, a Lorca, a Aleixandre, a todos ellos; quizás de ese homenaje futuro surja la nueva generación de poetas que marque el rumbo de la poesía del nuevo siglo. 


Desde luego, yo no me lo pienso perder, ¿y tú?

HISTORIAS DE CHICOS MALOS



El otro día un amigo me pidió que le recomendara algunas lecturas. Decidí indagar un poco en sus gustos, para no meter la pata, porque quiero que se lo pase bien, que disfrute de ese momento tan personal e íntimo de agarrar un libro y dejarse llevar. Él me respondió que había devorado El Padrino (Mario Puzo), que la serie Narcos (Netflix), le encantaba. En definitiva, que lo suyo eran las historias de chicos malos

¿Por qué nos resulta tan fascinante el mundo de los chicos malos? Mi amigo no es el único que vive con emoción esas historias. Un montón de lectores nos hemos dejado atrapar por sus personajes: seres de carácter complejo, que se mueven en entornos al límite, donde una buena dosis de violencia, lealtades puestas a prueba, persecuciones, delitos y crímenes, son la sal y la pimienta para mantenernos pegados a un libro. Las situaciones rocambolescas a las que el chico malo se enfrenta desde que se levanta, el modo en que su carácter y juicio  manejan cada situación, eso también nos  gusta. Creo que, a veces, reconocemos un poco de nosotros mismos en el chico malo de la historia. Nosotros, los lectores, también somos seres complejos, también nos enfrentamos a la vida todos los días; cometemos nuestros errores y celebramos nuestros triunfos. Eso es lo que nos une al chico malo, y nos une de tal forma, que aún cuando él merezca el peso de ley, deseamos con todas nuestras fuerzas que el escritor no se ensañe, que le dé la oportunidad de seguir haciendo de las suyas. 

Las historias sobre las vidas y peripecias de los chicos malos, nos sirven de agente liberador. Sabemos que hay una realidad dura fuera de casa. Sabemos que hay chicos malos de carne y hueso, pero, y citando a J. M. Mulet, en su maravilloso libro La ciencia en la sombra (del que ya hablaremos):

«…el mal nos atrae. No lo reconocemos, pero nos da morbo. En el instituto los empollones no ligan, pero en cambio los repetidores que se meten en peleas, fuman en los baños e insultan a los profesores ejercen de machos alfa y suelen atraer a las chicas más guapas. Posiblemente sea una herencia de nuestro pasado salvaje…»

Los chicos malos no son personajes exclusivos del género negro. Los chicos malos están presentes en un montón de libros. La sociedad conservadora estadounidense condenó con la etiqueta de chico malo a Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno, durante mucho tiempo. Robin Hood fue otro chico malo. Forajido, pero de intenciones nobles, luchaba contra el poder establecido, y su figura sigue encandilando a escritores y lectores a través del tiempo. 

Cine, televisión: actualmente estoy pegada a The Blacklist (NBC). Thomas “Red” Reddington (James Spader), protagonista de la serie, es un chico malo en toda la extensión de la palabra, y ha gustado tanto, que ya van a por la quinta temporada. Todo el campo de la ficción sucumbe a los encantos de los chicos malos.





«Unos gozan la vida, otros la sufren, nosotros la combatimos».  Antiguo proverbio de los urcas siberianos.

Serán peras o manzanas, pero uno se devora las páginas de este libro. Digo que “serán peras o manzanas”, pues se dice que Educación Siberiana,  y los libros que le siguieron, son todo, menos el relato autobiográfico que nos vendieron. En fin, ya retomaremos más adelante la controversia, pero ahora vamos con el libro.

Nicolai Lilin (1982), cuyo nombre real es Nicolaj Veržbickij, nos presenta un relato con tintes autobiográficos sobre la vida del pueblo urca, nativos de Siberia que fueron obligados por el régimen estalinista a emigrar a Transnistria, región moldava en la frontera con Ucrania.  Transnistria, aunque reconocida como territorio de Moldavia, está controlada por grupos separatistas. La situación política de la región es complicada, y lo ha sido prácticamente toda la vida. Nuestro protagonista nace en medio de todo ese caos:

«…me crié en un barrio de mala fama donde se establecieron los criminales expulsados de Siberia en los años treinta; vivía en Bender entre ellos, y los habitantes de mi criminalísimo barrio formábamos una gran familia…»

Fragmentos de infancia y juventud, en un ambiente cargado de elementos y ritos iniciáticos: desde «ganarse un arma», al paso obligado por la cárcel. Los tatuajes, trofeo para convertir a nuestro protagonista en un urca respetable. La delincuencia, profesión admirada y valorada en una sociedad ultraconservadora; curtida y endurecida por su historia. Férreos códigos morales, respeto a las tradiciones, el gran apego a la familia, a la comunidad y  a la religión. La policía y el gobiernos: enemigos mortales de los urcas. Pasajes tensos y mucha violencia… a Educación Siberiana no lo falta nada, si lo que buscas es una historia de chico malo de manual. 

Este libro, originalmente escrito en italiano —Lilin vive actualmente en Italia—, fue un éxito de ventas. Aunque Educación Siberiana  se vendió como “autobiográfico”, muchos de los acontecimientos narrados en él —y en los escritos posteriormente—, han sido puestos en duda. Desde la existencia real del pueblo urca, hasta la cronología de algunos hechos destacables, y la participación de Lilin en los mismos, influyeron para que el autor se distanciara de esa etiqueta. 

Una vez medio aclarado el asunto, lo importante es que este libro te hará disfrutar un buen rato con sus ambientes, conflictos y estilo.





Si alguien sabe hacer historias de chicos malos, ese es su majestad, Don Winslow (1953). Cualquiera de sus libros, te hará meterte en historias violentas y gamberras. Novelas de género negro, cargadas de misterio y crímenes. Su libro El poder del perro lo elevó a lo más alto, y ahora con El Cártel, la segunda parte, su éxito no para crecer. 

Sin embargo, para esta lista de recomendaciones he elegido El invierno de Frankie Machine, porque es bueno recordar que un chico malo de verdad, de los auténticos, no pierde el toque, ni con la jubilación.

Un vendedor de carnada en las costas de San Diego, reflexiona sobre la vida, sobre los viejos tiempos, mientras disfruta de los pequeños placeres cotidianos. Quién diría que aquel varón inteligente, aficionado a los crucigramas, juez y autoridad en los desencuentros del muelle, es una leyenda en el mundo de la mafia. Pero Frankie es feliz con su vida, sortea sus problemas domésticos y paga sus impuestos religiosamente para evitar el “factor Capone” (a pesar de todos los crímenes cometidos por el archiconocido mafioso, fue la evasión de impuestos lo que lo llevó a prisión). Frankie cuida de los suyos y respeta los códigos de la vieja escuela. Pero todo vuelve. El pasado siempre viene cargado de inconvenientes, y Frankie tiene que hacerse la pregunta que todo chico malo debe hacerse cuando el pasado te persigue:  


«¿Quién me quiere ver muerto?»

Amantes de las buenas historias de mafiosos, dar la oportunidad a El invierno de Frankie Machine. Disfrutarán muchísimo del personaje de Frankie, del ritmo y de la forma de narrar de Winslow. Con este autor no tendrás tiempo ni de parpadear.





Y nos vamos lejos, muy lejos en el tiempo, concretamente a 1817, durante la lucha de Independencia de México, para conocer a un chico malo imprescindible en la literatura de América Latina: El Periquillo Sarniento.

El legado de esta obra va más allá del increíble personaje de Pedro Sarmiento, o Periquillo (chico malo por sus cuatro costados), pues está considerada la primera novela escrita en América. Se escribió y publicó desafiando todo lo desafiable de la época —en este sentido también podríamos considerar a Fernandez de Lizardi como un bad boy de su generación—. El Periquillo Sarniento, soportó la censura, la entrada en prisión del autor, los altos costes de la imprenta,  la crítica mordaz y los ataques de los lumbrerillas del momento, que la consideraban: 

«una obra disparatada, extravagante y de pésimo gusto; de un romance o fábula escrita con feo modo, bajo un plan mal inventado, estrecho en sí mismo y más por el modo con que es tratado…» 

A lo que Lizardi responde con gran maestría a través cartas publicadas en prensa:

«Mas yo, con su licencia, tomo el Quijote de Cervantes, la obra maestra en clase de romances, y no veo en su acción nada raro, nada extraordinario, nada prodigioso. Todos los sucesos son demasiado vulgares y comunes, tales como pudieran acontecer a un loco de las circunstancias de don Alonso Quijada. Al mismo tiempo advierto que cada uno de los personajes de la fábula habla como los de su clase, esto es, vulgar y comúnmente. Hasta hoy estaba yo entendido en que una de las gracias de este género de composición era corregir las costumbres ridiculizándolas y pintándolas al natural, según el país donde se escribe…»

Era complicadísimo resistir la presión que acarreaba intentar publicar una obra por aquellos años, y más una obra como El Periquillo, que no deja títere con cabeza; que muestra y ataca las vergüenzas de todo lo que se pone en su camino: política, religión, burguesía, justicia… El resto, es historia, y vale la pena acercarse.

El Periquillo es un pícaro. En realidad, toda la obra pertenece a la tradición de la picaresca. Y qué son los pícaros sino chicos malos a los que les importa un pepino todo, que sobreviven en situaciones límite: robando, mintiendo y engañando; burlándose de todo y de todos. Chicos malos muy divertidos. En los pícaros tendrás, estimado lector, un abanico de historias de bad boys para pasarlo bomba.

Pedro Sarmiento hace y deshace su vida, y nos la cuenta —a nosotros y a sus hijos—, con la esperanza de llevarnos por el buen camino. Vive todas las aventuras de un chico malo, grado per saiyajin: roba, miente, burla, engaña, se mete en peleas, y vuelta a empezar. Pero el mundo que le rodea no es más cándido y gentil que él. Rodeado de lo peor de lo peor, y de algún personaje o momento que le aportan una lección moral; nuestro Periquillo logra sobrevivir y, como dice el título de la biografía de García Márquez: vivir para contarla.

Espero que mi amigo tenga una buena dosis de diversión con estos títulos, que se lo pase bien, acompañado de historias potentes y personajes únicos. Yo me he divertido mucho.

¿Cuáles son tus chicos malos favoritos de la literatura? No seas tímido, no tengas miedo. En este blog no hay omertá que valga. Vamos, cuéntame. Tengo ganas de saberlo.

* Ilustración de ladrón y policía: <a href="http://www.freepik.es/vector-gratis/diseno-de-ladron-y-policia_956812.htm">Diseñado por Freepik</a>

DÍAS NUBLADOS



A la memoria de mi amigo José Luis…

Hace unos días la tierra volvió a sacudir mi país de origen, México. No estuve allí, no estoy allí ahora. No puedo hablar del terror y la incertidumbre a la que se han enfrentado los míos y el resto de la población durante todos estos días. Yo estaba acá, en España. Ya era de noche, e iba llegando a casa. Mi móvil andaba dando problemas, logré que funcionará casi en el momento exacto del terremoto. Lo primero que supe fue a través de los mensajes de whatsapp del grupo de mis amigas mexicanas en Valencia —mis Comadrejas—. Aún seguíamos con el miedo en el cuerpo por el terremoto anterior, y ahora esto. Le envié un mensaje a mi hermano, mientras intentaba marcar con el teléfono fijo a casa de mis padres. Mi hermano respondió pronto: «Hola, todos bien, ya estoy con ellos». No puedo describir a qué me supieron esas palabras, creo que las personas que viven lejos de la familia carnal, saben de lo que hablo. Es lo único que necesitas saber, «todos bien», para que el suelo que hay en tu cabeza deje de moverse. No pude hablar con mis padres hasta el día siguiente… Ni yo, y creo que ningún mexicano en cualquier rincón del planeta fue capaz de dormir aquella noche.

Lo que siguió, lo que he visto por internet y televisión los días siguientes… no voy a describir las emociones, la tristeza, porque no tengo palabras, solo puedo decir que es algo que no deseo que le pase a nadie, nunca. 

A pesar del sol de Valencia, de los días calurosos y brillantes, hay encima de mí una nube… Llegó la culpa. No estuve allí. No estuve para mi familia, para mis amigos, no estuve allí para mi ciudad. No estuve para consolar a nadie, no estuve para ayudar. Durante días sentí mis manos muertas. Solo tengo las palabras que ahora les entrego para compartirles cómo es esto desde fuera. También porque necesito agradecer a todos aquellos que, a pesar de lo que estaban pasando, de lo que estaban viviendo (y siguen pasando, y siguen viviendo), tuvieron la amabilidad, el enorme detalle de hablar conmigo para informarme sobre mi familia, sobre mi barrio, mi ciudad. Necesito agradecer a muchas personas, perdónenme si aún no lo he hecho.

Pero, sobre todo, necesito darte las gracias a ti, José Luis. 

En estos días nublados, una sucesión de recuerdos reconfortan mi corazón roto. Estás en todos ellos, y son mi gran tesoro. Siempre nos acompañamos, siempre nos expresamos el cariño mutuo, siempre estuviste conmigo. En estos día nublados, me reconforta recordar ese corazón tuyo tan grande, esa lealtad de roble. Me reconforta recordar la emoción con la que vivías tus pasiones. Sabías ser feliz, nunca tuviste miedo de la felicidad, luchabas por ella con uñas y dientes. En estos días nublados, es tu luz la que me reconforta.

Gracias, amigo, por dejarme tantos recuerdos tan bonitos. Estas nubes pasaran, lo sé. La vida continúa, pero ya no será de la misma manera. Algo se ha movido dentro de todos nosotros, algo que nos ha cambiado, pero seguiremos recorriendo el caminito mientras nos sostengan las piernas. Allí estará la sonrisa de Rita para iluminarnos. Te voy a extrañar muchísimo, pero sé que aquí estarán los recuerdos, para sentirte cerca; hasta que el tiempo quiera y nos volvamos a ver.

Nunca olvidaré el día que nos conocimos, las pláticas infinitas, tu café con esencia de avellanas o chocolate, los bagels. Nunca olvidaré tu emoción ante la música, el cine, ante las cosas de la vida que te hacían sonreír. No olvidaré verte enamorado de Yanet, tu cara iluminada cuando la conociste y supiste que era ella la mujer que estabas esperando. No olvidaré la tarde de tacos, después de tanto tiempo, esa sería la última vez que nos veríamos, aunque, y a pesar de la distancia, siempre estuviste cerca. Tengo en mi salón de casa, la almohada de Bela Lugosi que me regalaste; en mi corazón tengo tus consejos y las palabras de aliento ante mis múltiples caídas. No olvidaré el día que me dijiste que estabas embarazado. No olvidaré el día que supe que Rita había llegado al mundo, ni olvidaré tu lucha diaria y la fuerza con la que enfrentabas la adversidad. Eras buen marido, buen padre, buen hijo y amigo. Eras pura bondad, José Luis.

Esto nos has dejado y con todo esto nos quedamos los que tuvimos el honor de conocerte y formar parte de tu vida. Gracias por iluminarnos, gracias por caminar junto a nosotros.

Estos días nublados, algo profundo se ha movido dentro de  nosotros. Depende de todos volver más fuertes y amorosos cuando el cielo se despeje.

Gracias, amigo, gracias por todo. 


CHRISTOPHER PRIEST, EL ESCRITOR QUE SIEMPRE RECOMIENDO A TODO EL MUNDO



Pero nadie me hace caso. 

Tal vez se deba a que su nombre no aparece en las listas de best sellers de los últimos quince años, o quizás a que su obra está desperdigada por un montón de editoriales. Y bueno, algunos libros de Priest no han llegado ni a la traducción. Mi deseo: una reedición integral de su obra al castellano, mejorar las traducciones anteriores, y un diseño de cubierta a la altura; que invite a las nuevas generaciones a meter la cabeza en sus alucinantes historias. Y ya que de pedir se trata: una colección, Christopher Priest: the very best... No estaría nada mal.

Otra de las razones por las que algunos amigos no me hacen caso, es porque el género de la ciencia ficción atraviesa un momento boyante. ¡Hay tanto que leer! Lo sé. Solo pido un voto de confianza: echarle un vistazo y darle una oportunidad.

En el mundo anglosajón, Christopher Priest no es para nada un desconocido. Nació en Manchester, en 1943, y gracias a su talento, oficio e imaginación, ha logrado colocarse dentro de la crema y nata del género. Más premiado que la selección brasileña de futbol, o casi, lo ha ganado todo: el World Fantasy Award for Best Novel, por su obra más importante: El prestigio (premio que solo ganan escritores de la talla de Stephen King, Michael Moorkock, George R. R. Martin, Dan Simmons, Anne Rice, Orson Scott Card…). También ganó el  Arthur C. Clarke Award, compartiendo galardón con astros de las letras: Margaret Atwood, Amitav Ghosh,China Miéville… y ha quedado finalista del Hugo por lo menos un par de veces. Ha Coqueteado con el mundo de la televisión, incluso estuvo involucrado en guiones para Doctor Who (aunque no salió muy bien parado de la experiencia). Tampoco le ha hecho ascos al cine: su trabajo más sobresaliente fue el guión de eXistenZ (1999), dirigida por David Cronenberg; y su libro El prestigio, fue llevado a la pantalla grande por Christopher Nolan.

Actualmente puedes leer sus artículos en el periódico The Guardian, como responsable de los obituarios a los fallecidos en el mundo literario. También puedes seguirlo en su página web; siempre tiene algo interesante que contarnos.




Fan de hueso colorado de G.H. Wells y de los viajes en el tiempo. Su novela La maquina espacial, es un claro tributo a su ídolo. Los fans del steampunk no se sentirán decepcionados con la historia de este viaje loco; entre ambientes victorianos, naves y artilugios en sintonía con el estilo. Diversión asegurada. 

Siguiendo con la fascinación de Priest por los viajes en el tiempo, vale la pena leer su libro de cuentos: Un verano infinito. Destaco, por en encima del cuento que da título al libro, y a tenor de que algún fan de Priest me queme en la plaza pública; el cuento Vagabundeos pálidos. Parques con canales magnéticos y puentes que te llevan al ayer, al hoy y al mañana…

¿A que ya te está picando el gusanillo con esto de darle una oportunidad a Christopher Priest? 

A ver si logro convencerte…


El libro de Priest que siempre recomiendo: UN MUNDO INVERTIDO



Aunque El prestigio es su obra más representativa, y merece su propia entrada en el blog (prometo que así será más adelante); considero que Un mundo invertido es su gran obra, la más redonda, la esencia de todo lo que Priest representa y aporta dentro del género de la ciencia ficción. No recuerdo ni cómo llegó a mis manos, pero después de leerlo, me tiré varías semanas pegada a  todos los libros que fui capaz de conseguir.  

Hay obras que se fijan en el cerebro como si tuvieran garras. Cuando te vienen a la cabeza imágenes y momentos importantes de esas historias tan buenas, te cambia el semblante, se te pone la piel de gallina, y te preguntas: ¿cómo se le pudo ocurrir algo así? Eso me pasa con este libro. Hace unas semanas volví a leerlo, tenía muchas ganas de revivir la experiencia, y debo decir que no han dejado de sorprenderme la cantidad de detalles que hacen que esta historia emocione y asombre de verdad. 

Un mundo invertido es la historia de un hombre joven, Helward Mann, aprendiz de gremialista de primera clase, que vive en un lugar llamado Tierra. Tierra tiene una particularidad: es una ciudad que se desplaza sobre rieles —sí, un rollo al estilo de El castillo vagabundo (Hayao Miyazaki)—. Siempre hacia delante, intentando mantenerse cerca del Óptimo (la posición ideal que debe alcanzar la ciudad). Pero mover la ciudad, no es tarea sencilla; está llena de misterios, secretos y preguntas, a las que nuestro aprendiz se irá enfrentando a lo largo de toda la novela. 

Priest construye un mundo, y ¡qué mundo!, pero no te satura de información ni de detalles superfluos; error recurrente en muchos de los autores de ciencia ficción de su generación. Se clavaban tanto en construir mundos complejos; en describir y describir —hasta la composición química del metal de la pulga robot, del perro del personaje que pasaba por allí—, que se olvidaban de la acción, de los personajes, del alma de la historia.  Que Priest no se detenga capítulos enteros en esos detalles no hace que la imagen de su mundo carezca de poder. Para él, lo más importante es mantener el misterio; que el lector se agarre de la mano a Helward Mann y lo acompañe en el viaje; que crea con él, que dude con él.  

El juego entre la realidad aparente y la verdad, es alucinante. Alguna vez leí por allí que, Un mundo invertido está en la línea de los trabajos de Philip K. Dick, no en la forma, pero sí en el fondo. Y no le falta razón. A los dos les gusta jugar con nuestra percepción; a los dos les gusta hacernos dudar de lo que nuestros sentidos registran. Los dos son tan puñeteros, y tan fascinantes, que, cuando terminas sus libros y levantas la cara hacia la realidad, te preguntas: ¿Todo esto es verdad? Y no hay historia más valiosa, creo yo, que la que te deja con más interrogantes que certezas.

Otro tema importante, no solo en Un mundo invertido, sino en gran parte de la obra de Priest, son las dudas sobre el futuro incierto hacia el que se encamina la humanidad, y los choques culturales que sobrevendrán con los cambios. La novela, escrita en 1973, no escapa a los problemas que preocupaban a su generación: el cambio de paradigmas y la incertidumbre generada por los grandes acontecimientos políticos y económicos que marcaron la segunda mitad del siglo XX; caldo de cultivo de gurús religiosos y políticos que dijeron ser dueños de la verdad y la salvación. No es por alarmar, pero todo esto me sigue sonando a tiempo presente.

Un mundo invertido comparte con otros trabajos del autor —La afirmación o Sueño programado, por ejemplo—, aquella máxima popular de  “no todo es lo que parece”. No hay placer más delicioso que dejarse engañar por una historia y terminar con cara de sorpresa. Y aunque Priest , a veces, da algún  giro dramático a sus historias —esos tan populares  hoy en día—; la mayor sorpresa no se queda en eso, en un recurso narrativo. En la novela, la conclusión es clara, pero la revelación es más profunda:  radica en lo que no revela, en el poso que deja la historia en tu imaginación. 

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Como colofón, y volviendo al autor, debo advertir que  (parece argumento de una de sus novelas. Me recordó vagamente a los hermanos de su libro El último día de la guerra, o al protagonista de La afirmación), no debes confundir a este Christopher Priest, con el otro Christopher Priest, que también es escritor. El segundo Priest —casi tan famoso como el primero—, es una autoridad dentro del mundo de los comics, pero no es "el sacerdote" que nos ocupa en este momento. Tal vez otro día…


Ahora te toca ti, estimado lector. Recomiéndame historias que te hayan despertado dudas sobre la realidad, sobre lo que te dicen los sentidos. Estaré encantada de leerlas y compartir impresiones contigo.

*Fotografía de Christopher Priest: https://christopher-priest.co.uk

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