HISTORIAS DE CHICOS MALOS



El otro día un amigo me pidió que le recomendara algunas lecturas. Decidí indagar un poco en sus gustos, para no meter la pata, porque quiero que se lo pase bien, que disfrute de ese momento tan personal e íntimo de agarrar un libro y dejarse llevar. Él me respondió que había devorado El Padrino (Mario Puzo), que la serie Narcos (Netflix), le encantaba. En definitiva, que lo suyo eran las historias de chicos malos

¿Por qué nos resulta tan fascinante el mundo de los chicos malos? Mi amigo no es el único que vive con emoción esas historias. Un montón de lectores nos hemos dejado atrapar por sus personajes: seres de carácter complejo, que se mueven en entornos al límite, donde una buena dosis de violencia, lealtades puestas a prueba, persecuciones, delitos y crímenes, son la sal y la pimienta para mantenernos pegados a un libro. Las situaciones rocambolescas a las que el chico malo se enfrenta desde que se levanta, el modo en que su carácter y juicio  manejan cada situación, eso también nos  gusta. Creo que, a veces, reconocemos un poco de nosotros mismos en el chico malo de la historia. Nosotros, los lectores, también somos seres complejos, también nos enfrentamos a la vida todos los días; cometemos nuestros errores y celebramos nuestros triunfos. Eso es lo que nos une al chico malo, y nos une de tal forma, que aún cuando él merezca el peso de ley, deseamos con todas nuestras fuerzas que el escritor no se ensañe, que le dé la oportunidad de seguir haciendo de las suyas. 

Las historias sobre las vidas y peripecias de los chicos malos, nos sirven de agente liberador. Sabemos que hay una realidad dura fuera de casa. Sabemos que hay chicos malos de carne y hueso, pero, y citando a J. M. Mulet, en su maravilloso libro La ciencia en la sombra (del que ya hablaremos):

«…el mal nos atrae. No lo reconocemos, pero nos da morbo. En el instituto los empollones no ligan, pero en cambio los repetidores que se meten en peleas, fuman en los baños e insultan a los profesores ejercen de machos alfa y suelen atraer a las chicas más guapas. Posiblemente sea una herencia de nuestro pasado salvaje…»

Los chicos malos no son personajes exclusivos del género negro. Los chicos malos están presentes en un montón de libros. La sociedad conservadora estadounidense condenó con la etiqueta de chico malo a Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno, durante mucho tiempo. Robin Hood fue otro chico malo. Forajido, pero de intenciones nobles, luchaba contra el poder establecido, y su figura sigue encandilando a escritores y lectores a través del tiempo. 

Cine, televisión: actualmente estoy pegada a The Blacklist (NBC). Thomas “Red” Reddington (James Spader), protagonista de la serie, es un chico malo en toda la extensión de la palabra, y ha gustado tanto, que ya van a por la quinta temporada. Todo el campo de la ficción sucumbe a los encantos de los chicos malos.





«Unos gozan la vida, otros la sufren, nosotros la combatimos».  Antiguo proverbio de los urcas siberianos.

Serán peras o manzanas, pero uno se devora las páginas de este libro. Digo que “serán peras o manzanas”, pues se dice que Educación Siberiana,  y los libros que le siguieron, son todo, menos el relato autobiográfico que nos vendieron. En fin, ya retomaremos más adelante la controversia, pero ahora vamos con el libro.

Nicolai Lilin (1982), cuyo nombre real es Nicolaj Veržbickij, nos presenta un relato con tintes autobiográficos sobre la vida del pueblo urca, nativos de Siberia que fueron obligados por el régimen estalinista a emigrar a Transnistria, región moldava en la frontera con Ucrania.  Transnistria, aunque reconocida como territorio de Moldavia, está controlada por grupos separatistas. La situación política de la región es complicada, y lo ha sido prácticamente toda la vida. Nuestro protagonista nace en medio de todo ese caos:

«…me crié en un barrio de mala fama donde se establecieron los criminales expulsados de Siberia en los años treinta; vivía en Bender entre ellos, y los habitantes de mi criminalísimo barrio formábamos una gran familia…»

Fragmentos de infancia y juventud, en un ambiente cargado de elementos y ritos iniciáticos: desde «ganarse un arma», al paso obligado por la cárcel. Los tatuajes, trofeo para convertir a nuestro protagonista en un urca respetable. La delincuencia, profesión admirada y valorada en una sociedad ultraconservadora; curtida y endurecida por su historia. Férreos códigos morales, respeto a las tradiciones, el gran apego a la familia, a la comunidad y  a la religión. La policía y el gobiernos: enemigos mortales de los urcas. Pasajes tensos y mucha violencia… a Educación Siberiana no lo falta nada, si lo que buscas es una historia de chico malo de manual. 

Este libro, originalmente escrito en italiano —Lilin vive actualmente en Italia—, fue un éxito de ventas. Aunque Educación Siberiana  se vendió como “autobiográfico”, muchos de los acontecimientos narrados en él —y en los escritos posteriormente—, han sido puestos en duda. Desde la existencia real del pueblo urca, hasta la cronología de algunos hechos destacables, y la participación de Lilin en los mismos, influyeron para que el autor se distanciara de esa etiqueta. 

Una vez medio aclarado el asunto, lo importante es que este libro te hará disfrutar un buen rato con sus ambientes, conflictos y estilo.





Si alguien sabe hacer historias de chicos malos, ese es su majestad, Don Winslow (1953). Cualquiera de sus libros, te hará meterte en historias violentas y gamberras. Novelas de género negro, cargadas de misterio y crímenes. Su libro El poder del perro lo elevó a lo más alto, y ahora con El Cártel, la segunda parte, su éxito no para crecer. 

Sin embargo, para esta lista de recomendaciones he elegido El invierno de Frankie Machine, porque es bueno recordar que un chico malo de verdad, de los auténticos, no pierde el toque, ni con la jubilación.

Un vendedor de carnada en las costas de San Diego, reflexiona sobre la vida, sobre los viejos tiempos, mientras disfruta de los pequeños placeres cotidianos. Quién diría que aquel varón inteligente, aficionado a los crucigramas, juez y autoridad en los desencuentros del muelle, es una leyenda en el mundo de la mafia. Pero Frankie es feliz con su vida, sortea sus problemas domésticos y paga sus impuestos religiosamente para evitar el “factor Capone” (a pesar de todos los crímenes cometidos por el archiconocido mafioso, fue la evasión de impuestos lo que lo llevó a prisión). Frankie cuida de los suyos y respeta los códigos de la vieja escuela. Pero todo vuelve. El pasado siempre viene cargado de inconvenientes, y Frankie tiene que hacerse la pregunta que todo chico malo debe hacerse cuando el pasado te persigue:  


«¿Quién me quiere ver muerto?»

Amantes de las buenas historias de mafiosos, dar la oportunidad a El invierno de Frankie Machine. Disfrutarán muchísimo del personaje de Frankie, del ritmo y de la forma de narrar de Winslow. Con este autor no tendrás tiempo ni de parpadear.





Y nos vamos lejos, muy lejos en el tiempo, concretamente a 1817, durante la lucha de Independencia de México, para conocer a un chico malo imprescindible en la literatura de América Latina: El Periquillo Sarniento.

El legado de esta obra va más allá del increíble personaje de Pedro Sarmiento, o Periquillo (chico malo por sus cuatro costados), pues está considerada la primera novela escrita en América. Se escribió y publicó desafiando todo lo desafiable de la época —en este sentido también podríamos considerar a Fernandez de Lizardi como un bad boy de su generación—. El Periquillo Sarniento, soportó la censura, la entrada en prisión del autor, los altos costes de la imprenta,  la crítica mordaz y los ataques de los lumbrerillas del momento, que la consideraban: 

«una obra disparatada, extravagante y de pésimo gusto; de un romance o fábula escrita con feo modo, bajo un plan mal inventado, estrecho en sí mismo y más por el modo con que es tratado…» 

A lo que Lizardi responde con gran maestría a través cartas publicadas en prensa:

«Mas yo, con su licencia, tomo el Quijote de Cervantes, la obra maestra en clase de romances, y no veo en su acción nada raro, nada extraordinario, nada prodigioso. Todos los sucesos son demasiado vulgares y comunes, tales como pudieran acontecer a un loco de las circunstancias de don Alonso Quijada. Al mismo tiempo advierto que cada uno de los personajes de la fábula habla como los de su clase, esto es, vulgar y comúnmente. Hasta hoy estaba yo entendido en que una de las gracias de este género de composición era corregir las costumbres ridiculizándolas y pintándolas al natural, según el país donde se escribe…»

Era complicadísimo resistir la presión que acarreaba intentar publicar una obra por aquellos años, y más una obra como El Periquillo, que no deja títere con cabeza; que muestra y ataca las vergüenzas de todo lo que se pone en su camino: política, religión, burguesía, justicia… El resto, es historia, y vale la pena acercarse.

El Periquillo es un pícaro. En realidad, toda la obra pertenece a la tradición de la picaresca. Y qué son los pícaros sino chicos malos a los que les importa un pepino todo, que sobreviven en situaciones límite: robando, mintiendo y engañando; burlándose de todo y de todos. Chicos malos muy divertidos. En los pícaros tendrás, estimado lector, un abanico de historias de bad boys para pasarlo bomba.

Pedro Sarmiento hace y deshace su vida, y nos la cuenta —a nosotros y a sus hijos—, con la esperanza de llevarnos por el buen camino. Vive todas las aventuras de un chico malo, grado per saiyajin: roba, miente, burla, engaña, se mete en peleas, y vuelta a empezar. Pero el mundo que le rodea no es más cándido y gentil que él. Rodeado de lo peor de lo peor, y de algún personaje o momento que le aportan una lección moral; nuestro Periquillo logra sobrevivir y, como dice el título de la biografía de García Márquez: vivir para contarla.

Espero que mi amigo tenga una buena dosis de diversión con estos títulos, que se lo pase bien, acompañado de historias potentes y personajes únicos. Yo me he divertido mucho.

¿Cuáles son tus chicos malos favoritos de la literatura? No seas tímido, no tengas miedo. En este blog no hay omertá que valga. Vamos, cuéntame. Tengo ganas de saberlo.

* Ilustración de ladrón y policía: <a href="http://www.freepik.es/vector-gratis/diseno-de-ladron-y-policia_956812.htm">Diseñado por Freepik</a>

DÍAS NUBLADOS



A la memoria de mi amigo José Luis…

Hace unos días la tierra volvió a sacudir mi país de origen, México. No estuve allí, no estoy allí ahora. No puedo hablar del terror y la incertidumbre a la que se han enfrentado los míos y el resto de la población durante todos estos días. Yo estaba acá, en España. Ya era de noche, e iba llegando a casa. Mi móvil andaba dando problemas, logré que funcionará casi en el momento exacto del terremoto. Lo primero que supe fue a través de los mensajes de whatsapp del grupo de mis amigas mexicanas en Valencia —mis Comadrejas—. Aún seguíamos con el miedo en el cuerpo por el terremoto anterior, y ahora esto. Le envié un mensaje a mi hermano, mientras intentaba marcar con el teléfono fijo a casa de mis padres. Mi hermano respondió pronto: «Hola, todos bien, ya estoy con ellos». No puedo describir a qué me supieron esas palabras, creo que las personas que viven lejos de la familia carnal, saben de lo que hablo. Es lo único que necesitas saber, «todos bien», para que el suelo que hay en tu cabeza deje de moverse. No pude hablar con mis padres hasta el día siguiente… Ni yo, y creo que ningún mexicano en cualquier rincón del planeta fue capaz de dormir aquella noche.

Lo que siguió, lo que he visto por internet y televisión los días siguientes… no voy a describir las emociones, la tristeza, porque no tengo palabras, solo puedo decir que es algo que no deseo que le pase a nadie, nunca. 

A pesar del sol de Valencia, de los días calurosos y brillantes, hay encima de mí una nube… Llegó la culpa. No estuve allí. No estuve para mi familia, para mis amigos, no estuve allí para mi ciudad. No estuve para consolar a nadie, no estuve para ayudar. Durante días sentí mis manos muertas. Solo tengo las palabras que ahora les entrego para compartirles cómo es esto desde fuera. También porque necesito agradecer a todos aquellos que, a pesar de lo que estaban pasando, de lo que estaban viviendo (y siguen pasando, y siguen viviendo), tuvieron la amabilidad, el enorme detalle de hablar conmigo para informarme sobre mi familia, sobre mi barrio, mi ciudad. Necesito agradecer a muchas personas, perdónenme si aún no lo he hecho.

Pero, sobre todo, necesito darte las gracias a ti, José Luis. 

En estos días nublados, una sucesión de recuerdos reconfortan mi corazón roto. Estás en todos ellos, y son mi gran tesoro. Siempre nos acompañamos, siempre nos expresamos el cariño mutuo, siempre estuviste conmigo. En estos día nublados, me reconforta recordar ese corazón tuyo tan grande, esa lealtad de roble. Me reconforta recordar la emoción con la que vivías tus pasiones. Sabías ser feliz, nunca tuviste miedo de la felicidad, luchabas por ella con uñas y dientes. En estos días nublados, es tu luz la que me reconforta.

Gracias, amigo, por dejarme tantos recuerdos tan bonitos. Estas nubes pasaran, lo sé. La vida continúa, pero ya no será de la misma manera. Algo se ha movido dentro de todos nosotros, algo que nos ha cambiado, pero seguiremos recorriendo el caminito mientras nos sostengan las piernas. Allí estará la sonrisa de Rita para iluminarnos. Te voy a extrañar muchísimo, pero sé que aquí estarán los recuerdos, para sentirte cerca; hasta que el tiempo quiera y nos volvamos a ver.

Nunca olvidaré el día que nos conocimos, las pláticas infinitas, tu café con esencia de avellanas o chocolate, los bagels. Nunca olvidaré tu emoción ante la música, el cine, ante las cosas de la vida que te hacían sonreír. No olvidaré verte enamorado de Yanet, tu cara iluminada cuando la conociste y supiste que era ella la mujer que estabas esperando. No olvidaré la tarde de tacos, después de tanto tiempo, esa sería la última vez que nos veríamos, aunque, y a pesar de la distancia, siempre estuviste cerca. Tengo en mi salón de casa, la almohada de Bela Lugosi que me regalaste; en mi corazón tengo tus consejos y las palabras de aliento ante mis múltiples caídas. No olvidaré el día que me dijiste que estabas embarazado. No olvidaré el día que supe que Rita había llegado al mundo, ni olvidaré tu lucha diaria y la fuerza con la que enfrentabas la adversidad. Eras buen marido, buen padre, buen hijo y amigo. Eras pura bondad, José Luis.

Esto nos has dejado y con todo esto nos quedamos los que tuvimos el honor de conocerte y formar parte de tu vida. Gracias por iluminarnos, gracias por caminar junto a nosotros.

Estos días nublados, algo profundo se ha movido dentro de  nosotros. Depende de todos volver más fuertes y amorosos cuando el cielo se despeje.

Gracias, amigo, gracias por todo. 


CHRISTOPHER PRIEST, EL ESCRITOR QUE SIEMPRE RECOMIENDO A TODO EL MUNDO



Pero nadie me hace caso. 

Tal vez se deba a que su nombre no aparece en las listas de best sellers de los últimos quince años, o quizás a que su obra está desperdigada por un montón de editoriales. Y bueno, algunos libros de Priest no han llegado ni a la traducción. Mi deseo: una reedición integral de su obra al castellano, mejorar las traducciones anteriores, y un diseño de cubierta a la altura; que invite a las nuevas generaciones a meter la cabeza en sus alucinantes historias. Y ya que de pedir se trata: una colección, Christopher Priest: the very best... No estaría nada mal.

Otra de las razones por las que algunos amigos no me hacen caso, es porque el género de la ciencia ficción atraviesa un momento boyante. ¡Hay tanto que leer! Lo sé. Solo pido un voto de confianza: echarle un vistazo y darle una oportunidad.

En el mundo anglosajón, Christopher Priest no es para nada un desconocido. Nació en Manchester, en 1943, y gracias a su talento, oficio e imaginación, ha logrado colocarse dentro de la crema y nata del género. Más premiado que la selección brasileña de futbol, o casi, lo ha ganado todo: el World Fantasy Award for Best Novel, por su obra más importante: El prestigio (premio que solo ganan escritores de la talla de Stephen King, Michael Moorkock, George R. R. Martin, Dan Simmons, Anne Rice, Orson Scott Card…). También ganó el  Arthur C. Clarke Award, compartiendo galardón con astros de las letras: Margaret Atwood, Amitav Ghosh,China Miéville… y ha quedado finalista del Hugo por lo menos un par de veces. Ha Coqueteado con el mundo de la televisión, incluso estuvo involucrado en guiones para Doctor Who (aunque no salió muy bien parado de la experiencia). Tampoco le ha hecho ascos al cine: su trabajo más sobresaliente fue el guión de eXistenZ (1999), dirigida por David Cronenberg; y su libro El prestigio, fue llevado a la pantalla grande por Christopher Nolan.

Actualmente puedes leer sus artículos en el periódico The Guardian, como responsable de los obituarios a los fallecidos en el mundo literario. También puedes seguirlo en su página web; siempre tiene algo interesante que contarnos.




Fan de hueso colorado de G.H. Wells y de los viajes en el tiempo. Su novela La maquina espacial, es un claro tributo a su ídolo. Los fans del steampunk no se sentirán decepcionados con la historia de este viaje loco; entre ambientes victorianos, naves y artilugios en sintonía con el estilo. Diversión asegurada. 

Siguiendo con la fascinación de Priest por los viajes en el tiempo, vale la pena leer su libro de cuentos: Un verano infinito. Destaco, por en encima del cuento que da título al libro, y a tenor de que algún fan de Priest me queme en la plaza pública; el cuento Vagabundeos pálidos. Parques con canales magnéticos y puentes que te llevan al ayer, al hoy y al mañana…

¿A que ya te está picando el gusanillo con esto de darle una oportunidad a Christopher Priest? 

A ver si logro convencerte…


El libro de Priest que siempre recomiendo: UN MUNDO INVERTIDO



Aunque El prestigio es su obra más representativa, y merece su propia entrada en el blog (prometo que así será más adelante); considero que Un mundo invertido es su gran obra, la más redonda, la esencia de todo lo que Priest representa y aporta dentro del género de la ciencia ficción. No recuerdo ni cómo llegó a mis manos, pero después de leerlo, me tiré varías semanas pegada a  todos los libros que fui capaz de conseguir.  

Hay obras que se fijan en el cerebro como si tuvieran garras. Cuando te vienen a la cabeza imágenes y momentos importantes de esas historias tan buenas, te cambia el semblante, se te pone la piel de gallina, y te preguntas: ¿cómo se le pudo ocurrir algo así? Eso me pasa con este libro. Hace unas semanas volví a leerlo, tenía muchas ganas de revivir la experiencia, y debo decir que no han dejado de sorprenderme la cantidad de detalles que hacen que esta historia emocione y asombre de verdad. 

Un mundo invertido es la historia de un hombre joven, Helward Mann, aprendiz de gremialista de primera clase, que vive en un lugar llamado Tierra. Tierra tiene una particularidad: es una ciudad que se desplaza sobre rieles —sí, un rollo al estilo de El castillo vagabundo (Hayao Miyazaki)—. Siempre hacia delante, intentando mantenerse cerca del Óptimo (la posición ideal que debe alcanzar la ciudad). Pero mover la ciudad, no es tarea sencilla; está llena de misterios, secretos y preguntas, a las que nuestro aprendiz se irá enfrentando a lo largo de toda la novela. 

Priest construye un mundo, y ¡qué mundo!, pero no te satura de información ni de detalles superfluos; error recurrente en muchos de los autores de ciencia ficción de su generación. Se clavaban tanto en construir mundos complejos; en describir y describir —hasta la composición química del metal de la pulga robot, del perro del personaje que pasaba por allí—, que se olvidaban de la acción, de los personajes, del alma de la historia.  Que Priest no se detenga capítulos enteros en esos detalles no hace que la imagen de su mundo carezca de poder. Para él, lo más importante es mantener el misterio; que el lector se agarre de la mano a Helward Mann y lo acompañe en el viaje; que crea con él, que dude con él.  

El juego entre la realidad aparente y la verdad, es alucinante. Alguna vez leí por allí que, Un mundo invertido está en la línea de los trabajos de Philip K. Dick, no en la forma, pero sí en el fondo. Y no le falta razón. A los dos les gusta jugar con nuestra percepción; a los dos les gusta hacernos dudar de lo que nuestros sentidos registran. Los dos son tan puñeteros, y tan fascinantes, que, cuando terminas sus libros y levantas la cara hacia la realidad, te preguntas: ¿Todo esto es verdad? Y no hay historia más valiosa, creo yo, que la que te deja con más interrogantes que certezas.

Otro tema importante, no solo en Un mundo invertido, sino en gran parte de la obra de Priest, son las dudas sobre el futuro incierto hacia el que se encamina la humanidad, y los choques culturales que sobrevendrán con los cambios. La novela, escrita en 1973, no escapa a los problemas que preocupaban a su generación: el cambio de paradigmas y la incertidumbre generada por los grandes acontecimientos políticos y económicos que marcaron la segunda mitad del siglo XX; caldo de cultivo de gurús religiosos y políticos que dijeron ser dueños de la verdad y la salvación. No es por alarmar, pero todo esto me sigue sonando a tiempo presente.

Un mundo invertido comparte con otros trabajos del autor —La afirmación o Sueño programado, por ejemplo—, aquella máxima popular de  “no todo es lo que parece”. No hay placer más delicioso que dejarse engañar por una historia y terminar con cara de sorpresa. Y aunque Priest , a veces, da algún  giro dramático a sus historias —esos tan populares  hoy en día—; la mayor sorpresa no se queda en eso, en un recurso narrativo. En la novela, la conclusión es clara, pero la revelación es más profunda:  radica en lo que no revela, en el poso que deja la historia en tu imaginación. 

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Como colofón, y volviendo al autor, debo advertir que  (parece argumento de una de sus novelas. Me recordó vagamente a los hermanos de su libro El último día de la guerra, o al protagonista de La afirmación), no debes confundir a este Christopher Priest, con el otro Christopher Priest, que también es escritor. El segundo Priest —casi tan famoso como el primero—, es una autoridad dentro del mundo de los comics, pero no es "el sacerdote" que nos ocupa en este momento. Tal vez otro día…


Ahora te toca ti, estimado lector. Recomiéndame historias que te hayan despertado dudas sobre la realidad, sobre lo que te dicen los sentidos. Estaré encantada de leerlas y compartir impresiones contigo.

*Fotografía de Christopher Priest: https://christopher-priest.co.uk

DE FIESTA CON LOS ROMANOV





A los amantes de la literatura, a esos, a los de hueso colorado, nos ha tocado alguna vez hacer parada en Rusia. Puedo jurar que algún autor ruso ha llamado a tu puerta. Es más, puede que, entre todos y todos los autores que has leído, un ruso ocupe un sitio privilegiado en tu top personal (llámese Dostoyevski, Tolstoi, Chejov, Gorki…). No hay letraterrestre que no haya paseado por Moscú, San Petersburgo o Novgorod, porque Rusia siempre ha tenido mucho que contar. 

Y no solo los autores rusos (clásicos y contemporáneos) han escrito sobre sus  vidas, historia y cultura; escritores de medio mundo también caen rendidos bajo el influjo de este vastísimo territorio. Nadie puede resistirse a una tierra llena de personajes y acontecimientos que han cambiado el mundo. 

Pensar en la historia de Rusia, sin que se nos venga a la cabeza personajes como Pedro El Grande, Catalina La Grande, Nicolás II —el último zar—, y personas a su alrededor, igual de interesantes, como Potemkin o Rasputín; es como comprar un cono de helado en verano y que se te caiga cuando estás a punto de zampártelo. No se puede entender que pasen estas cosas, ¿verdad? 

Estos son los Romanov, la dinastía gobernante de Rusia durante poquito más de trescientos años. Desde que aquel jovencísimo Miguel I fuera casi obligado a ocupar el trono, los Romanov ya no lo soltarían. Cada uno tomó las riendas de su nación con mayor o menor acierto, pero sin dejar indiferente a nadie, y menos a la historia, y mucho menos a la literatura, que no ha dejado de beber de las fuentes de las vidas de todos y cada uno de los zares que ostentaron el apellido.


Mi fiesta con los Romanov

Letraterrestres se va a apuntar a muchas fiestas de monarcas y sus cortes, porque la literatura está llena de ellas, y muchas son muy buenas y vale la pena dedicarles un espacio. Quería que los Romanov inauguraran estas celebraciones porque, hay tanto, tanto que contar…

Curiosamente, ninguno de los libros que mencionaré en esta entrada, han sido escritos por autores rusos; son autores extranjeros los que ocupan un lugar aquí y es por la sencilla razón de convencerte, estimado lector, de hasta dónde llega la fascinación por esta dinastía.




Para tirarte de cabeza, y sin arnés, en la historia de Rusia. A través de dos troncos familiares que se van llenando de ramas durante toda la historia, esta novela te mete hasta el fondo en los grandes acontecimientos de la historia de Rusia. Su andar comienza en el 180 d. de C, y concluye en el siglo XX, en 1990, para ser exactos. 

E. Rutherfurd, es un autor inglés que no le tiene miedo a escribir obras monumentales sobre países y ciudades. Sarum: la novela de Inglaterra; Los príncipes de Irlanda: La Saga de Dublín; Los rebeldes de Irlanda: La Saga de Dublín; Nueva York; París y Rusia, son la muestra de que lo suyo es una buena y efectiva mezcla de realidad y ficción, en un marco donde la ciudad o el país son el personaje principal. En Rusia, el autor nos cuenta que decidió escribir esta novela para acercarnos a la historia y geografía de lo que él denomina “el país dormido”. Guerras, poder, intriga, rebelión… Rusia, de Rutherfurd, tiene todo lo necesario para armar una buena fiesta en la imaginación de los lectores. Debo confesar que, gracias a este libro, y a los capítulos dedicados a los periodos de la dinastía Romanov, me entró el gusanillo de conocer más sobre todos ellos, pero, en especial, de la más grande, la que más me impactó, fascinó, e interesó por encima de todos: Catalina.




Es curiosísimo cómo fue que este escritor de Kentucky se interesó por los Romanov. Su hijo padece la enfermedad llamada hemofilia, la misma que padecía el hijo del ultimo zar de Rusia, el príncipe Alexei. De allí nació su interés por la casa Romanov. Y le pasó lo mismo que nos pasa a los que nos unimos a la fiesta: llegamos por accidente, pero una vez que entramos en sus cortes y palacios, ya no tenemos ganas de salir. Así que Massie se aventó a la fiesta y escribió varias biografías: Nicolás y Alexandra, Pedro El Grande (ganadora del Pulitzer), Catalina La Grande y Los Romanov: capítulo final. Maestro de ceremonias perfecto para llevarte de la mano por siglos de historia rusa.

Pero vamos a lo que nos ocupa, y no es por menospreciar a Pedro El Grande, visionario, duro y con unas ganas enormes de poner a Rusia en lo más alto. La ciudad de San Petersburgo es uno de sus legados más importantes y una muestra viviente de las ganas que tenía el zar de establecer puentes entre Rusia y occidente. 

Avancemos un poquito en el tiempo, hasta el momento en que una joven princesa alemana, llamada Sofía, llega a Rusia y se promete al futuro Pedro III, nieto de Pedro El Grande.  Tras su boda con Pedro —Romanov de pura cepa—; la muerte de Isabel I de Rusia; y una increíble y vertiginosa serie de acontecimientos en los que la joven Sofía, bautizada en la iglesia ortodoxa bajo el nombre de Catalina, demuestra que está mucho más capacitada, y entiende mejor a su pueblo de acogida que su marido; logra hacerse con el trono de Rusia como monarca absoluta, reinando durante 34 años. Culta— amante de las letras y las artes—, inteligente, perseverante, apasionada… Catalina llegaría a ser la mujer más poderosa de su tiempo. 

La obra de Massie nos traslada a los momentos cruciales de la vida de la monarca: sus primeros años en la corte, el casamiento, el golpe de estado que la llevaría al poder, sus desiciones, aciertos y derrotas. La vida privada de Catalina: sus amores, pasiones y amistades... La biografía de Massie no deja huecos, y lo hace con un estilo que atrapa desde el primer momento. Con él, tienes mega fiesta Romanov asegurada... hasta que no puedas más.


Si decidiste leer las biografías de Massie al completo, pero quieres más y te apetece una novela que narre el fin de la dinastía de los zares Romanov, bueno, el fin de los zares, en general; Carmen Posadas nos ofrece una historia que cumple los requisitos: El testigo invisible

La historia rusa nunca ha sido una historia fácil, pero aquellos años en los que Nicolas II llegó al poder, la cosa ardía. 

El pueblo, cansado y furioso de siglos de servidumbre y pobreza, decidió pasar a la acción. No es que ese tipo de conflictos no fueran comunes en Rusia. Pedro, Catalina y los demás, ya se enfrentaban a ellos —pregúntale a Catalina por sus dolores de cabeza cuando escuchaba el nombre de Yemelián Pugachov—, pero la fuerza de esos grupos era débil y el poder de la nobleza, tremendo. Ningún monarca querría irritar a los que lo han sentado en el trono, claro está. 

Pero los tiempos cambian y la monarquía rusa parece hacer oídos sordos al cambio y a los aires de revolución que se respiran por todo el mundo. Nicolás era medio desastrillo, la verdad. A veces daba la sensación de vivir en su burbuja. Por ello y, tras una serie de errores que costaron crispación  y muchas vidas — el Domingo Sangriento, por ejemplo—, las cosas se complicaron enormemente para él y su familia. 

El testigo invisible, es la historia de Leonid Sednev, personaje que trabaja como  deshollinador imperial (el cargo suena rimbombante, pero el trabajo es una…). El joven vive de cerca y es compañero, aparentemente desde las sombras,  de los últimos días de los Romanov. Cabe destacar que Sednev existió, aunque, por lo que se sabe, su vida fue algo distinta de la ficción.

La novela de Posadas es adictiva, engancha y emociona. Desde su particular mirada, y haciendo memoria en el tiempo, un Leonid mayor recuerda lo vivido aquellos días. 

Posadas no es la primera escritora que se inspira en el joven. Robert D. Zimmerman (aunque firma su saga Romanov como Robert Alexander), publicó una novela en 2004, titulada The kitchen boy. Exitazo de ventas. 

Por desgracia, la novela no está traducida al castellano, pero si lees con fluidez la lengua de Shakespeare, podrás disfrutarla de cabo a rabo. 

En The kitchen boy, el joven cocinero Sednev, también es testigo del ocaso de los zares. 


EMPIRE OF TZARS: ROMANOV RUSSIA WHITH LUCY WORSLEY, BBC



Si aún tienes dudas para unirte a la fiesta, te dejo una recomendación a modo de introducción. En Netflix encontrarás esta serie de tres capítulos dedicada a la dinastía. Es una gozada de principio a fin. De la mano de Lucy Worsley, hacemos un viaje a Rusia, visitando los sitios donde vivían y gobernaban los zares. Conocerás aspectos importantes de su legado y tendrás ganas de salir corriendo a la librería, o biblioteca de tu preferencia, y seguir de marcha por este universo de monarcas, reinados, conflictos y traiciones.

Bibliografía sobre la dinastía Romanov, hay para una vida. Te aseguro que encontrarás libros que despertarán tu interés y te harán sentir que viajas en trineo por las noches blancas, que libras batallas al lado de un ejercito de cosacos, que conspiras y gobiernas con mano de hierro. La fiesta Romanov no tiene fin.

Te invito a compartir con nosotros algún libro, película o serie basada en el mundo de los Romanov. Tus recomendaciones y sugerencias, siempre son bienvenidas en Letraterrestres.


La fiesta sigue, querido lector: ¿te apuntas?

*Ilustración: <ahref="http://www.freepik.es/vectorgratis/kremlincatedral_819317.htm">Diseñado por Freepik</a>

SÍNDROME DE CUENCA

Acabo de llegar a casa. Dos días agotadores y mágicos, de viajes en el tiempo, con la ciudad de Cuenca como telón de fondo. Cada vez que visito un lugar así, tan lleno, tan vibrante, algo dentro de mí se transforma, no sé, me hace sentir que esta piel que cubre mis órganos, mis huesos, es sólo un trozo de cuero que un día se hará tan seco, tan fino, que va a resquebrajarse y desaparecer. Y no me asusta. No. 

 Cada vez que la monumentalidad de LA HISTORIA (con mayúsculas) me abraza, dejo de tener miedo de desaparecer. Lo verdadero está allí, en piedras, contando historias realmente importantes para saber los pasos que hemos dado y reflexionar un poco sobre a dónde iremos a parar. Allí están las vigas de madera de trescientos, cuatrocientos años de antigüedad, que siguen sosteniendo al tiempo. Y allí he estado yo, para ver con estos ojos que también van a desaparecer en el olvido más absoluto, para vivir, por un instante, lo que fue de nosotros. 

(Vista de Cuenca)

La Ciudad de Cuenca es enorme, enorme en las cosas que tiene para contarnos. Anoche hicimos una ruta nocturna guiada por la Cuenca medieval. Almudena, la guía, compartió su pasión y su sabiduría con todos los que necesitábamos bebernos el suelo que pisábamos. Los presentes en la ruta guiada ya habíamos escuchado previamente los susurros de las calles estrechas, de las cuestas, de los edificios, monumentos…, pero eran susurros ininteligibles, susurros en un lenguaje antiguo. Para cuando acabó la noche (y la ruta), Almudena ya nos lo había traducido todo. 

Pero, vamos por partes. ¿Por qué Cuenca? La Huelemoles y su pariente, trabajan mucho y tienen un horario de trabajo horroroso. No podíamos irnos a un destino muy lejos de casa para nuestras mini vacaciones de verano. Cuenca queda a sólo una hora en tren de alta velocidad. ¡Viva el tren! 

Yo sabía que Cuenca era una ciudad bonita, antigua, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con un museo de dinosaurios y las famosas Casas Colgadas: todo mundo dice «Casas Colgadas» cuando le hablo de Cuenca, pero nadie, absolutamente nadie me dijo que me preparara psicológicamente para el aluvión de grandeza e historia que forman la parte central de su encanto. Cuenca puede llegar a provocar síndrome de Stendhal.

(Vista de la ciudad desde el Museo Paleontológico)

El paraje natural donde se asienta la ciudad es impresionante. Toda ella es un mirador donde la naturaleza está presente: los ríos Júcar y Huécar, y las impresionantes hoces que han hecho que los arquitectos del pasado se las ingeniaran para crear obras con carácter y personalidad en aquel mundo de roca. Es un disfrute pasar un rato en cualquiera de los miradores (que son un montón) y admirar las vistas de la ciudad.

Caminar por Cuenca, mientras descubríamos fragmentos de su historia, es indescriptible. Una de las etapas que a mí más me ha atrapado de su historia, es la de su fundación como ciudad cristiana. Perteneció a los árabes, como media España, hasta que en 1177 (ya no se me olvidará nunca ese año), el rey Alfonso VIII de Castilla, y toda artillería pesada de la cristiandad: los reyes de León y Aragón, sus grandes señores y las órdenes militares de Santiago, el Temple y Calatrava; sitiaron la ciudad, poniendo fin al reinado musulmán. Del periodo árabe sólo se conservan ruinas del castillo y de sus muros, porque durante la Guerra de la Independencia Española, los franceses, al mando de un chaparrito muy conocido, llamado Napoleón, se dieron vuelo destruyendo y saqueando todo a su paso. A partir de la conquista de Alfonso VIII, Cuenca se convierte en una ciudad multicultural y se abre paso hacia un esplendor que la lleva al crecimiento demográfico, político y económico. Alfonso el sabio le otorga la categoría de «ciudad» casi un siglo más tarde. Y de allí para adelante. Cuenca pasa por subidas y bajadas. Episodios de la historia, muy interesantes, nacen, florecen y mueren en sus calles y edificios. De cualquier etapa de la historia de España, Cuenca siempre tiene algo que contar.

(Catedral)

La noche de la ruta guiada por Cuenca, la vivimos como si fuésemos viajeros en una máquina del tiempo, saltando de un periodo a otro. Nuestras cabezas lograban, no sólo retener conocimiento, sino ser capaces de imaginar el pasado con sus colores, con sus personajes, leyendas y misterios. 

Más que anécdotas, dos descubrimientos que, personalmente, me cautivaron de una forma muy especial fueron: la leyenda de que Velázquez trabajó en el boceto de Las Meninas en Cuenca, concretamente en casa de su yerno, el también pintor Juan Bautista Martínez del Mazo. Esa casa familiar puede visitarse hoy en día, sólo hay que preguntar por la Posada de San José. 

En segundo lugar: el hotel donde nosotros nos hospedamos. Un hermoso edificio del que sabíamos, había sido un convento hace tiempo. Mientras hacíamos la ruta guiada, nos detuvimos justo allí, y Almudena nos explicó que hace mucho, mucho tiempo, incluso antes de que aquello fuera un convento, aquel lugar había sido una sede de los Caballeros Templarios, sí, esos personajes que tanto han fascinado a los historiadores y a los creadores de obras literarias. De aquellos días quedan unas columnas octagonales y un detalle en piedra de la imagen de San Jorge y el dragón. Es probable que tras la caída de la orden, la sede pasara a manos de los Hermanos Hospitalarios. ¡Pura historia!

Y bueno, me acabo de enterar de otra anécdota del hotel donde me hospedé. En el ascensor, mi marido observó que a la planta número dos, no se podía acceder sin una llave. Me lo dijo y nos vinieron teorías locas a la cabeza. La más lógica: una suite de mega lujo. Después, pasamos por la teoría de que quizás allí se guardara celosamente un descubrimiento histórico importantísimo (considerando la antigüedad del edificio); y finalizamos, no recuerdo con qué finalizamos. Leyendo hace unos momentos un artículo sobre los hoteles con encanto de Cuenca, descubrí el porqué de guardar celosamente la segunda planta del hotel: porque el antiguo convento, de alguna manera, no ha dejado de ser convento. Las monjas poseen esa planta y es usada por ellas como parte de sus dependencias. Hotel Convento del Giraldo, se llama, y es una belleza, por dentro y por fuera.

Llegando a casa, la Huelemoles se puso a buscar y buscar un libro que me metiera con más profundidad en todo lo aprendido en la ruta guiada por la etapa medieval de Cuenca. Entre todo el material que encontré, he comenzado con una novela divertidísima sobre las andanzas de Alfonso VIII y su bella esposa: Leonor de Plantagenet (hermana de Ricardo “Corazón de León”); los otros reyes cristianos, los señores que les sirven y sus pugnas entre ellos. Del otro lado: Al-Andalus con su corte almohade dirigiendo el territorio con puño de hierro. La novela se llama El ejército de Dios y está escrita por Sebastian Roa Mesado. En el libro hay un capítulo completo sobre el asedio de Cuenca, aún no llego a ese punto, pero muero de ganas.

Quiero adelantar que Cuenca me regaló mucho material para otras entradas en el blog, así que seguiremos andando sus calles y edificios un poquito más, porque Cuenca inspira. Cuenca me ha tocado y me ha cambiado en dos días, más de lo que soy capaz de cambiarme a mí misma durante un año de lamentarme por los rincones. 


La historia me libera del ensimismamiento ese de que «sólo a mí me pasan esas cosas». Viajar por la historia es siempre una bofetada de realidad que me viene bien para entender que no soy ni significo nada. Y eso está bien. Eso me quita los ojos de la punta de la nariz y me ofrece una libertad que me transforma. En eso consiste, tal vez, El síndrome de Cuenca. 

(Detalle de la exposición "La poética de la libertad". Catedral de Cuenca)


(Fotografías, Iván Jerez)



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